domingo, 2 de agosto de 2020

La obsesión de las brujas


A lo largo de la historia moderna, el poder de la propaganda usada desde el poder para aplacar la protesta social ha sido, en muchos casos, desconocidos.

En la época medieval y moderna, numerosas protestas y movimientos sociales fueron contestados por las monarquías feudales y luego absolutas con la creación de lo que posteriormente se conoció como "el enemigo interno". 

La utilización del concepto de hereje, en sus diversas acepciones (iluminados, protestantes, ateos, paganos, brujas....) fue el arma perfecta para enfrentar y dividir a las capas sociales humildes, enfermar su mente con enemigos invisibles o visibles que, en realidad, no lo eran.

Un arma que en el siglo XX fue usada de forma sistemática por los gobiernos totalitarios (judíos, comunistas....), pero que desde la edad media tomó cuerpo en la figura de un tipo concreto de mujeres; las brujas o hechiceras. Las amigas del Diablo, paganas y demás elucubraciones inventadas por la Inquisición, las Iglesias católica y protestante y los tronos absolutos europeos para sustentar el orden político estamental y patriarcal vigente.

Esta obsesión paranoica llegó a calar y envenenar la mente de los estratos sociales más humildes que acabaron aceptando y creyendo la maquinaria de propaganda que se usaba contra estas personas y que sólo existía en la mente de los verdugos.

Como decía el antropólogo Marvin Harris;

"Mi explicación de la locura de la brujería consiste en que fue en gran parte creada y sostenida por las clases gobernantes.

El resultado principal del sistema de caza de brujas  consistió en que los pobres llegaron a creer que eran víctimas de brujas y diablos en vez de príncipes y papas.

Esto nos lleva a una cuestión crucial que concierne a la distinción entre lo que sucedió de verdad y lo que la gente pensaba que sucedió".

Baste como ejemplo de hasta qué punto la sociedad occidental acabó integrando esta paranoia creada artificialmente y que tomó cuerpo en procesos inquisitoriales como los famosos de Zugarramurdi, o tantos otros autos de fe de la época que abundan en los archivos, tales como el ejemplo que ilustra la entrada, el proceso de fe inquisitorial seguido contra Casilda de la Puente por brujería y maleficios entre ente 1761  -  1763 y que llevó a testimonios como el siguiente, en el que la historia documental y la realidad superan a la ficción cinematográfica;

"Estando María en la cama enferma, había visto entrar por la ventana como una sombra amarilla y que luego inmediatamente había visto en la cabecera de la cama a Casilda. Inmediatamente María cogió un palo y la sacudió, con lo que desapareció sin saber por dónde pues la puerta principal estaba cerrada con llave, que tenía en su poder".

¿Vio realmente la tal María en el siglo XVIII a una pobre mujer humilde de un pueblo rural español entrando como una sombra y desapareciendo por arte de magia negra? ¿O fue fruto de una alucinación influida por un mundo histérico creado artificialmente por las autoridades y que tenía como objetivo la delación del vecino, como luego se dio a una escala industrial en los genocidios y guerras civiles del siglo XX, para mantener el orden social?


-Proceso de fe de Casilda de la Puente
Archivo Histórico Nacional, INQUISICIÓN,2134,Exp.10

-Vacas, cerdos, guerras y brujas. Los enigmas de la cultura". Capítulo 10. "La gran locura de las brujas". Marvin Harris.

viernes, 31 de julio de 2020

Brujería y control social


"Mi explicación de la locura de la brujería consiste en que fue en gran parte creada y sostenida por las clases gobernantes como medio de suprimir esta ola de mesianismo cristiano.

No es accidental el que la brujería empezara a tomar un auge creciente junto con violentas protestas mesiánicas contra las injusticias sociales y económicas. El Papa autorizó el empleo de la tortura contra las brujas poco antes de la Reforma Protestante, y la locura de la brujería alcanzó su apogeo
durante las guerras y revoluciones de los siglos XVI y XVII que pusieron fin a la era de unidad cristiana.


Sugiero que la mejor manera de comprender la causa de la manía de las brujas es examinar sus resultados terrenales en lugar de sus intenciones  celestiales. El resultado principal del sistema de caza de brujas (aparte de los cuerpos carbonizados) consistió en que los pobres llegaron a creer que eran víctimas de brujas y diablos en vez de príncipes y papas. ¿Hizo agua vuestro techo, abortó vuestra vaca, se secó vuestra avena, se agrió vuestro vino, tuvisteis dolores de cabeza, falleció vuestro hijo? La culpa era de un vecino, de ese que rompió vuestra cerca, os debía dinero o deseaba vuestra tierra, de un vecino convertido en bruja. 

¿Aumentó el precio del pan, se elevaron los impuestos, disminuyeron los salarios, escaseaban los puestos de trabajo? Obra de las brujas. ¿La peste y el hambre destruyen una tercera parte de los habitantes de cada aldea y ciudad? La audacia de las diabólicas e infernales brujas no conocía límites. La Iglesia y el Estado montaron una denodada campaña contra los enemigos fantasmas del pueblo. Las autoridades no regatearon esfuerzo alguno para combatir este mal, y tanto los ricos como los pobres podían dar las gracias por el tesón y el valor desplegados en la batalla.

El significado práctico de la manía de las brujas consistió, así, en desplazar la responsabilidad de la crisis de la sociedad medieval tardía desde la Iglesia y el Estado hacia demonios imaginarios con forma humana. Preocupadas por las actividades fantásticas de estos demonios, las masas depauperadas, alienadas, enloquecidas, atribuyeron sus males al desenfreno del Diablo en vez de a la corrupción del clero y la rapacidad de la nobleza. La Iglesia y el Estado no sólo se libraron de toda inculpación, sino que se convirtieron en elementos indispensables. 

El clero y la nobleza se presentaron como los grandes protectores de la humanidad frente a un enemigo omnipresente pero difícil de detectar. Aquí había, por fin, una buena razón para pagar diezmos y someterse al recaudador de impuestos. Servicios vitales que atañían directamente a la vida en este mundo y no a la de ultratumba se prestaban con ruido y furia, llama y humo. Los esfuerzos de las autoridades por hacer la vida algo más segura eran hechos palpables; se podía oír realmente los gritos de las brujas cuando bajaban al infierno."

"Vacas, cerdos, guerras y brujas. Los enigmas de la cultura". Capítulo 10. "La gran locura de las brujas". Marvin Harris.

lunes, 1 de junio de 2020

Los falangistas y el asesinato de Federico García Lorca


Cada año, se rememora el asesinato en la retaguardia granadina en agosto de 1936 del insigne poeta e intelectual Federico García Lorca. La ciudad y gran parte de la provincia, llevaba un mes en manos del bando militar sublevado fruto del golpe de estado que inició una política de represión contra los enemigos políticos, de los cuales Lorca fue una víctima más.

Sin embargo, y lejos de la imagen que tradicionalmente se ha transmitido, no siempre hubo un consenso en todos los aspectos y personas víctimas de la represión y, lejos, de lo que pueda pensarse, en el caso de García Lorca las divisiones internas derivadas de su asesinato fueron mayores de lo que se cree. Concretamente, una parte de los falangistas, considerados la facción más violenta del bando nacional, se opuso al fusilamiento del poeta andaluz y ello derivó en una polémica interna en la retaguardia andaluza en un primer momento.


1) El estallido de la guerra civil y el caos en Granada

El asesinato del Teniente Castillo y, como represalia, el consiguiente ajusticiamiento del diputado conservador José Calvo Sotelo en la madrugada del 13 de julio de 1936, después de meses de tensiones, enfrentamientos y asesinatos en las calles de toda España entre activistas de derechas e izquierdas, aceleró los planes de sublevación entre los civiles (especialmente entre los ilegalizados falangistas que, a pesar de la actitud dubitativa de su Jefe Nacional desde la Cárcel de Alicante, apoyaron el golpe), y entre los militares dirigidos en el interior del estado por Emilio Mola.

Inmediatamente, los días 18 y 19 de julio de 1936 se inician una serie de levantamientos militares en diferentes ciudades del país en apoyo al golpe de estado. Especialmente significativo es el caso de Andalucía que, rápidamente, se parte en dos partes claramente diferenciadas y que se mantendrán, más o menos, a lo largo de la guerra; una parte occidental dominada por los alzados, y una parte oriental, especialmente gran parte de Córdoba, Jaén y Almería, dominada por la República.

En la zona occidental de Andalucía, desde el mismo día 18 de julio de 1936, la suerte está echada. El epicentro de la sublevación estará en la Sevilla de izquierdas controlada por el militar Gonzalo Queipo de Llano, considerado el “Virrey de Andalucía” y que dirige con mano de hierro la sublevación militar en toda la región.

Como afirma Rafael Gil Bracero en su artículo “Guerra civil en Andalucía; las operaciones militares”, en la propia capital hispalense, la sublevación militar tiene lugar el mismo 18 de julio, y tras varios días de resistencia consigue controlar la capital, iniciando la política de represalias especialmente contra los rebeldes de Triana y La Macarena, quienes plantaron durante días una feroz resistencia armada en las barricadas callejeras contra el golpe de Queipo.

También en Cádiz triunfa, de una forma más inmediata y aplastante el golpe de estado militar al mando del famoso general José Enrique Varela, gaditano y líder del golpe en la región, liberado por los militares alzados y que rápidamente entre el 17-18 de julio de 1936 de la mano del militar José López-Pinto consiguen dominar con rapidez la ciudad de Cádiz.

En Córdoba, el coronel Ciriaco Cascajo se subleva en armas como lo hace Queipo en Sevilla el día 18 de julio de 1936, tomando con mano de hierro la capital de provincia, y atacando con su fuerza armada el gobierno civil, que cae en sus manos rápidamente, si bien solo consigue tomar, ayudado por Queipo, la capital y la mitad sur de la provincia que enlaza con Sevilla, quedando durante 1936 partida la zona entre el sur-occidente la mando de Cascajo y la zona norte y este lindando con Castilla y Jaén, en manos republicanas.

Tan solo quedaba una zona más en la sombra, y es la que nos ocupa, la provincia y ciudad de Granada. En Granada mandaba militarmente el comandante militar de la ciudad, Miguel Campins. 

Militar tradicional y africanista, sin embargo parece ser que Campins decide mantenerse al lado de la República no muy claramente, ante la perspectiva de la sublevación militar en Granada el día 20 de julio de 1936, en la que conspiraban ya los falangistas y militares de la ciudad de Granada, liderados por el comandante militar y camisa vieja falangista José Valdés, que fue designado jefe de las milicias falangistas en Granada y el también falangista capitán Nestares, y que conjuntamente con los falangistas veteranos de la ciudad, como los famosos hermanos Rosales, o civiles destacados como el cedista conservador Ramón Ruiz Alonso que preparaban en silencio el apoyo al golpe militar, que había estallado dos días antes en Sevilla y Córdoba con éxito.

Finalmente, el propio día 20 de julio de 1936, Valdés, acompañado por militares y falangistas despliega una toma militar de los puntos estratégicos de la ciudad de Granada, como el gobierno civil, el ayuntamiento, y las emisoras de radio que consiguen tomar sin problemas.

Precisamente, el portal del Mapa de la Memoria Histórica de Granada, tomando como fuentes los trabajos de Eduardo Molina Fajardo “Los últimos días de García Lorca” y del célebre historiador Ian Gibson “Granada en 1936 y el asesinato de Federico García Lorca” describe así la toma del edificio principal de la capital;

“El Gobierno Civil, situado a pocos metros de la Comisaría de Policía durante los años de la Guerra Civil, fue un lugar fundamental durante la contienda. Durante la sublevación en la capital fue uno de los puntos clave logrados por los rebeldes, deteniéndose en él al presidente de la Diputación, Virgilio Castilla, al miembro de la UGT Antonio Rus, al sindicalista Alcántara y al gobernador civil republicano, César Torres Martínez.

Parece que sólo Castilla mostró algo de resistencia dado que, según algunos testimonios, llegó a tratar de sacar una pistola para defenderse. Al frente del mismo se situó el comandante Valdés, del que son numerosos los testimonios de su severidad e inclemencia”.

En el golpe militar granadino tomaron parte activa desde el primer momento los núcleos falangistas bien organizados en la ciudad, liderados por los conocidos hermanos Rosales, pero también por camisas viejas falangistas de otras provincias que, fruto de los enfrentamientos y de la persecución de los meses previos, se habían ido trasladando de una ciudad a otra, como fue el caso del líder falangista gaditano Narciso Perales. Según el expediente personal de Narciso Perales conservado en el Archivo de la F.N.F.F., parece ser que el falangista, destinado en la ciudad, participa activamente en las operaciones, afirmando que “toma parte en el asalto al Gobierno Civil y en muchas acciones militares al mando de un grupo de falangistas, siendo herido leve en los combates por arma de fuego enemiga”.

Y es que, a pesar del control rápido del centro de la ciudad, una vez tomado a lo largo del día 20 de julio el centro de Granada, apenas los barrios obreros del Albaicín levantaron barricadas y resistieron durante varios días el alzamiento militar, que queda definitivamente sofocado en torno al 23 de julio de 1936. A pesar de que en los días posteriores al golpe los sublevados consiguen tomar Granada y las zonas aledañas de la Vega de Granada, tienen serias dificultades de controlar el dominio sobre la capital, y a duras penas entablan una vía de comunicación con Sevilla y la zona occidental de la provincia, mientras que la mayor parte de la zona oriental de Granada queda en manos republicanas fracasando el golpe, por lo que los militares y falangistas granadinos se ven obligados en los días y semanas siguientes a hacer frente a los ataques republicanos desde la mayor parte de la Granada oriental, formándose el Frente de Granada para intentar retomar la capital por parte de los republicanos.

El también dirigente falangista Patricio González de Canales, quien luego formaría parte de la Falange Auténtica de Tarduchy, y dirigió el FNAL de Hedilla, durante los días de la guerra civil formaría parte en el alzamiento militar en Granada al igual que Narciso Perales, participando en la toma de la ciudad y en el Frente de Granada en los días y semanas posteriores, relataba así el papel de Narciso Perales en el Frente de Granada en un artículo para la Agencia FIEL;

“Después vino la toma de Granada (San Antón-Genil-Albaicín), y el establecimiento de un cerco (Güejar- Sierra Montefrío-Huetor-Santillan), y la guerra. Narciso Perales fue el alma falangista de aquella heroica defensa hasta la batalla decisiva de Huetor de Santillán”.

Así pues, parece ser que entre el 23 de julio en que se toma Granada y hasta el 30 de julio de 1936 en que los republicanos lanzan una ofensiva definitiva para tratar de recuperar Granada, se produce una semana de combates y enfrentamientos diarios entre nacionales y republicanos que, como bien afirma Patricio, se salda con la batalla del sector Huetor de Santillán en la que los republicanos son repelidos y se abandona definitivamente los intentos republicanos de tomar frontalmente la ciudad desde el resto de la zona oriental de Granada.

En la retaguardia granadina se producen desde entonces campañas de represalias contra obreros que se habían resistido al alzamiento, dirigentes políticos y sindicales, y hasta intelectuales de la zona, como el célebre poeta granadino local Federico García Lorca, víctima de la represión desmedida de aquellos elementos cedistas y derechistas que, vistiendo la camisa azul o aprovechando la coartada violenta que ofrecía esta, se lanzaron a una campaña de represalias violentas, tanto en las tapias del Cementerio de Granada como en las carreteras.

Según cuenta el periodista Armando Puente en la revista “Siete días ilustrados” en junio de 1975, Lorca ya estaba sobre aviso de sus amigos e intelectuales y escritores como Rafael Alberti o Agustín de Foxá desde hacía semanas del posible estallido de un golpe militar y de las más que posibles represalias hacia su persona, habida cuenta de su compromiso antifascista, su amistad con intelectuales como Fernando de los Ríos, y políticos como su cuñado, el republicano socialista Manuel Fernández Montesinos, último alcalde republicano de Granada, fusilado durante la guerra civil, además de las acusaciones históricamente vertidas sobre su figura acerca de su condición homosexual.


2) Los falangistas que intentaron salvar a García Lorca

Apenas unos días antes del estallido de la guerra civil, el 14 de julio de 1936, García Lorca, que residía en pleno centro de Madrid, y alertado ante esta posibilidad, decide tomar un tren con destino a la casa familiar en las afueras de Granada, la llamada Huerta de San Vicente que, según afirma en la propia información institucional de la actual Casa-Museo “fue comprada por el padre, Federico García, el 27 de mayo de 1925, que significó para ellos el reencuentro con el campo, especialmente a partir de 1933, año en que se trasladaron a Madrid”.

La familia García Lorca es testigo en esta zona de la Vega de Granada del estallido de la guerra civil 4 días después, y del triunfo del golpe militar en la cercana capital granadina apenas 6 días después de desembarcar la casa familiar, no sin el correspondiente pánico por su fama y significación, más que por él por la vinculación que se hacía sobre su persona, lo que motivó que la familia Lorca pensara rápidamente en un refugio seguro durante unos días que ellos creían que durarían las inestabilidades políticas, pensando para ello en un viejo amigo del poeta, el también intelectual y poeta granadino Luis Rosales, camisa vieja de la falange granadina, y perteneciente a una conocida familia local, los Rosales, de renombre.

Según una entrevista realizada por Ian Gibson al propio Luis Rosales en la revista Triunfo del 24 de febrero de 1979, Luis Rosales parece ser que regresó a Granada, al igual que Lorca en torno al 13 o 14 de julio y procedente también de Madrid, y sin ser consciente de lo que se estaba planificando esos días, decide sumarse a la conspiración golpista los días previos estando en la capital.

Luis Rosales, en dicha entrevista, desmiente el peso político de sus hermanos ni en la falange granadina ni en el alzamiento local del día 20 de julio, afirmando que de todos sus hermanos, José Rosales no poseía cargo alguno en la falange, si bien gozaba de gran prestigio entre los falangistas granadinos, Antonio Rosales, amigo personal e íntimo según afirma de Narciso Perales, era un simple tesorero, y sus otros hermanos Gerardo no se afilia nunca y Miguel se afilia a falange solo días después del estallido de la guerra civil.

Luis Rosales afirma que tras el estallido del alzamiento, es encargado de la secretaría del cuartel de Falange y Jefe de sector de Motril, al tiempo que de forma secreta escondía clandestinamente a Federico García Lorca en su domicilio del centro de la ciudad en compañía de la hermana, madre y tía de Rosales, desde el día 9 de agosto en que se esconde en silencio, hasta que la tarde del 16 de agosto de 1936, alguien delata el paradero del poeta granadino, que es denunciado por ser “espía de Moscú y secretario de Fernando de los Ríos”, algo desmentido por Laureano Benítez Grande-Caballero en el artículo “El balcón abierto de Federico García Lorca: toda la verdad sobre su muerte”, quien afirma que ello se debió a las rencillas personales, económicas y de tierras del padre de Lorca con las familias Roldán y Alba.

Indistintamente, Lorca es inmediatamente detenido en la casa de los Rosales por el ex cedista y conservador Ramón Ruiz Alonso, según afirma Armando Puente en una compleja operación formada por más de 40 soldados y civiles que acordonaron la casa de los Rosales en Granada, llevándoselo Ruiz Alonso al Gobierno Civil, de donde pasa a La Colonia, una residencia de estudiantes, y de ahí llevado a Víznar, donde es fusilado el 18 de agosto.

Sin embargo, las consecuencias de este fusilamiento iban más allá del propio Federico García Lorca que, estando ya muerto desde aquel 18 de agosto, no podría ser más represaliado. Ahora le tocaba el turno a sus cómplices y amigos, y concretamente al poeta Luis Rosales que, como hemos visto, fue amigo personal y protector de Lorca en los días previos a su detención y asesinato. Inmediatamente, Valdés y Ruiz Alonso, que guardaban una gran antipatía hacia los Rosales, aprovecharon la baza para tratar de reprimir también a Luis Rosales, que a punto estuvo de correr la misma suerte que su amigo Lorca y que se salvó del paredón gracias a Narciso Perales, ya destacado falangista en Granada.

Tal y como afirma Francisco Ortiz Lozano en su artículo “Federico García Lorca y los falangistas”;

“Luís Rosales, expulsado de Falange y encarcelado a la espera de ser pasado por las armas, se salvó gracias a la cuantiosa multa entregada por su familia y, sobre todo, gracias "a la llegada a Granada de uno de los falangistas más desconocidos y dignos de estudio, por su consecuencia y por su dignidad: el médico Narciso Perales, a quien José Antonio había condecorado personalmente en 1935. La llegada de Narciso Perales salvó a Luis; y seguramente hubiera podido salvar a Federico si se hubiera producido un par de días antes.

Al llegar a Granada, el día 22, tuvo un enfrentamiento con José Valdés, el cual, en el curso de la pelea dijo algo que demuestra por su propia boca hasta qué punto Valdés era un reaccionario de altura, un falso falangista:

"Mire usted, a mí, en eso del nacional-sindicalismo, lo de nacional me parece bien, pero lo de sindicalismo me da tres patadas en la boca del estómago; y lo tengo enfermo, ¿sabe usted?

En 1973 Narciso Perales declaró en una entrevista: "De haber estado yo en Granada y no en el frente, le aseguro que lo de García Lorca no ocurre. Y para aquel entrevistador "No hay duda de que no sólo no fueron los falangistas, sino que, a mi modo de ver, el estúpido crimen fue, precisamente, producto de una maniobra contra Falange”.

Ello es confirmado nuevamente por el historiador británico Ian Gibson en su libro “La represión nacionalista en Granada en 1936 y la muerte de Federico García Lorca” cuando afirma;

“Luis Rosales fue protegido en adelante por un influyente falangista, Narciso Perales, a quien José Antonio Primo de Rivera había concedido la máxima condecoración del partido, la palma de plata, por su intervención en acontecimientos anteriores al alzamiento.

Para evitar que su hijo siguiera exponiéndose, el padre de Perales lo envió a estudiar a la Universidad de Granada, donde se encontraba cuando estalló el movimiento. Pocos conocían en Granada su distinguido pasado falangista, y cuando estalló la insurrección no trató tampoco de ponerse en primer plano. De hecho estuvo a las órdenes de Luis Rosales en los primeros días del movimiento, por ejemplo cuando el 20 de julio los nacionalistas se apoderaron de Radio Granada. Nadie mejor que él, por tanto, para conocer la conducta de Rosales directamente.

Poco antes de la detención de Federico, Perales había ido a visitar la Jefatura de la Falange andaluza, en Sevilla, y cuando volvió a Granada, lo hizo con la autoridad correspondiente a su rango. Por entonces Lorca ya estaba muerto, pero Perales llego a tiempo de intervenir en favor de Rosales. Según Mme. Auclair, que habló con Perales, éste rompió una orden de detención contra Rosales, y protestó ante Valdés por la ejecución de Lorca, añadiendo que Rosales era de los pocos verdaderos falangistas que él había visto en Granada. Perales cree que, de regresar unos días antes, hubiera podido salvar también a Federico”.

A pesar de los intentos de una parte de la falange granadina liderada por los hermanos Rosales o por Narciso Perales, nadie pudo evitar que el sector conservador hegemónico en la retaguardia granadina cumpliera con sus pretensiones y, como indican ya cada vez más investigadores, las rencillas personales de las familias vecinas y el recelo de los sectores más conservadores de la sociedad local, consiguió callar para siempre la voz de Lorca.

Tras su asesinato, y a pesar del intento de los sectores derechistas por inculpar también a Luis Rosales, éste consiguió superar su crisis y acabaría convirtiéndose una reputada pluma de la nueva España franquista. Por su parte, Narciso Perales, tras pasar por varios frentes de guerra y ocupar puestos de responsabilidad en el nuevo régimen, acabó rompiendo definitivamente con la nueva España franquista en 1942, pasando a la oposición antifranquista falangista.

Sin embargo, a partir de estos acontecimientos en Granada y hasta su fallecimiento, los Rosales y los Perales mantuvieron una relación cercana de amistad en agradecimiento a la decisiva intercesión de Perales por Luis Rosales, si bien no continuaron colaborando políticamente y en ese sentido cada uno evolucionó de forma diferente. A pesar de ello, es significativa la carta escrita en el ABC del 27 de junio de 1993, 9 días después del fallecimiento del líder falangista, por María Fouz, esposa y viuda del poeta Luis Rosales;

“Deberíamos haberle dedicado más horas de nuestra vida a una persona tan entrañable y a quien tanto debíamos, concretamente en el asunto de Federico García Lorca. Todo el mundo sabe que Federico, después de reunida su familia, decidió que el mejor sitio para defender su vida era refugiarse en casa de los Rosales. Nada hacía prever lo monstruoso que sería su destino; fue sacado de la casa de los Rosales, a golpe de metralletas. La casa estaba tomada desde los tejados, y se lo llevaron como si fuera un peligro público.

Luis era un hombre bueno y un gran escritor, pero faltó un testimonio, un testimonio de Narciso Perales. Luis fue condenado a muerte por tener en casa escondido a un rojo. A Luis le condenaron a muerte, y a su padre le hicieron pagar una multa de 250.000 pesetas. Narciso Perales, esa persona que no podremos olvidar jamás y cuyo recuerdo perdurara en nosotros, impidió que fusilaran a Luis. Gracias Narciso, has sido un ejemplo y todos te lo agradecemos”


Fuentes;

-Rafael Gil Bracero. “Guerra civil en Andalucía; las operaciones militares".

-Mapa de la Memoria Histórica de Granada. 

-Eduardo Molina Fajardo. “Los últimos días de García Lorca”.

-Ian Gibson. “Granada en 1936 y el asesinato de Federico García Lorca”.

-Expediente político personal de Narciso Perales. Archivo Histórico de la F.N.F.F.

-Entrevista a Patricio González de Canales. Agencia FIEL.

-Artículo de Armando Puente. “Siete días ilustrados”, junio de 1975.

-Casa-Museo de la Huerta de San Vicente.

-Entrevista realizada por Ian Gibson a Luis Rosales en la revista Triunfo del 24 de febrero de 1979.

-Laureano Benítez Grande-Caballero. “El balcón abierto de Federico García Lorca: toda la verdad sobre su muerte".

-Francisco Ortiz Lozano. “Federico García Lorca y los falangistas”.

-Ian Gibson. “La represión nacionalista en Granada en 1936 y la muerte de Federico García Lorca”.

-Carta escrita en el ABC del 27 de junio de 1993 por María Fouz, viuda de Luis Rosales.

lunes, 27 de abril de 2020

Del gótico al renacimiento




Uno de los elementos más característicos del siglo XV, es la transición de la mentalidad y la temática gótica a la renacentista y humanista. 

En ese periodo, la baja edad media, en muchos palacios, castillos e iglesias, podemos observar ya una clara evolución de los gustos de las poderosas familias aristocráticas y nobiliarias europeas, en contraste con la temática todavía religiosa que se ve reflejada en gran parte del arte cristiano europeo. 

Dos buenos ejemplos de ello los encontramos en dos edificios totalmente diferentes;  el conjunto pictórico pagano de la diosa Atenea de la Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves de Manzanares el Real (Madrid) y el conocido como Salone dei Mesi del Palazzo Schifanoia de Ferrara (Italia). 

La Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, es una obra de finales del siglo XV y comienzos del XVI, realizada bajo el patrocino del II Duque del Infantado.

En una de las fachadas exteriores del templo religioso se encontró, durante obras de remodelación en 2010-2012, un curioso fragmento de especial interés por su concepción artística y su contenido mitológico y simbólico; una combinación de motivos vegetales, geométricos y la representación de la figura de la diosa griega Atenea Prómacos, reclinada sobre un trono y armada con casco, lanza y escudo.

El Palazzo Schifanoia de Ferrara fue construido en 1385 por mandato de Alberto V de Este, Señor de Ferrara. 

De entre los elementos más conocidos y famosos del palacio, sin duda, están los célebres frescos de la «Sala de los Meses», uno de los ciclos pictóricos más importante del quattrocento italiano, diseñado por el astrólogo Pellegrino Prisciani.

En él se representan los meses del año. Cada uno se corresponde a un símbolo del zodíaco y las alegorías relacionadas con el trabajo, completado con una alegoría de los Triunfos de los Dioses, combinando la mitología pagana antigua y la astrología árabe.



miércoles, 18 de marzo de 2020

La Expedición de Lewis y Clark


Entre 1804 y 1806, tuvo lugar en las tierras del aún desconocido oeste americano uno de los acontecimientos más importantes para el conocimiento y la exploración de Estados Unidos; la expedición de Lewis y Clark. 

Para inicios del siglo XIX, Estados Unidos no se parecía en nada al país que conocemos hoy en día. Apenas se limitaba a la franja este y estaba limitada hasta el rio Mississippi, y al sur y al oeste, las tierras de Florida y Luisiana, desde finales del siglo XVIII, estaban en manos de España. Pero la situación cambia en 1803, cuando el extensísimo territorio de Luisiana, que se repartía por todo el centro y oeste del país, es cedido a Francia y luego comprado por los Estados Unidos en la conocida como “Louisiana Purchase”.

Un año después de la anexión de Luisiana, en 1804, el entonces Presidente Thomas Jefferson encarga a Meriwether Lewis, un capitán del ejército estadounidense, explorar todas esas bastas tierras recién adquiridas, para poder conocer mejor el reciente adquirido territorio. Lewis, forma equipo con William Clark, teniente de infantería  al que Lewis conoció en los años de servicio en el ejército regular. 

El 14 de mayo de 1804, Clark y Lewis se juntan  en St. Charles, Missouri, desde donde inician el viaje navegando hacia el nor-oeste por el río Missouri en  varios botes y se internan en territorio desconocido, poblado por alrededor de  50 tribus nativas con las que tendrán que negociar y tratar, como los Shoshone, los  Mandan, Minitari, Blackfeet, Chinook y Sioux, llegando a un fundar incluso un asentamiento temporal, el llamado Fort Mandan.

Para 1805, la expedición ya había alcanzado las tierras de Montana, con ayuda de los nativos locales y en noviembre alcanzaban finalmente la costa oeste del Pacífico, donde crean un nuevo asentamiento, Fort Clatsop. Para marzo de 1806, iniciaban el viaje de vuelta a casa, llegando a finales de septiembre a St. Louis, Missouri, completando el viaje.

En esos dos años, la expedición recorrió unas 8,000 millas, contribuyó al conocimiento geográfico y científico de un lejano oeste todavía desconocido dibujando numerosos mapas  geográficos de la zona, e identificando 120 nuevas especies de animales, 200 muestras botánicas, además de entablar relaciones pacíficas con docenas de nativos; todo un éxito y un hito de la conocida conquista del oeste que contribuyó a construir una nueva nación.



miércoles, 26 de febrero de 2020

Las estaciones ferroviarias de Madrid


1) Orígenes; ferrocarriles y metro en Madrid

Uno de los elementos que, sin duda alguna, más fascinación y misterio levantan entre la población es, curiosamente, uno de los más desconocidos, aunque pasemos por ellos cada día.

A día de hoy, en nuestro mundo post-industrial y tecnológico, el paisaje urbano plagado de estaciones de metro, trenes y ferrocarriles varios es algo tan normalizado y corriente como las ciudades mismas, y no se entendería una ciudad moderna sin una infinidad de estaciones de estos medios de transporte para satisfacer las necesidades cada vez más acuciantes de una población que, paradójicamente, va mucho más acelerada que los propios trenes.

Sin embargo, no siempre existieron estos medios de transporte, bastante modernos e innovadores en la historia, y desde luego, no siempre conocemos los detalles, las historias y los secretos que se esconden detrás de muchas de las estaciones que, cada día, cientos de miles de personas utilizan para sus desplazamientos.

Los orígenes del mundo ferroviario no nacen en España aunque sí en occidente. Este moderno sistema de transporte hunde sus raíces en la fenomenología de la primera revolución industrial que aconteció en el mundo occidental, básicamente, entre 1780 y 1870, momento en que dicho sistema de transporte estaba ya firmemente asentado, aunque en proceso de expansión y desarrollo, en casi todas las grandes naciones industriales. El mundo ferroviario es, sin duda, deudor de los grandes inventos que, en el siglo XVIII se realizaron básicamente en Gran Bretaña, foco inspirador de este moderno fenómeno industrial, con la aparición de novedosos inventos tales como la máquina de vapor de Watt o la locomotora de Stephenson que, acompañado del desarrollo a inicios del siglo XIX de las industrias de carbón, siderurgia y el comercio fomentaron la aparición de sistemas de transporte más rápidos, modernos y eficaces que los tradicionales sistemas de navegación o terrestres.

Fruto de ello, a lo largo del siglo XIX, en el resto de países del continente, como Bélgica, Alemania o Francia se empieza a extender este moderno sistema de transporte que, por supuesto, llega también a España y no tan tarde como se tiende a pensar en comparación con otras naciones industrializadas de la época. En aspectos económicos y políticos fuimos a la zaga, pero a decir verdad, en el aspecto industrial, nunca hubo, tal y como suele decirse, una ausencia de dichas innovaciones en nuestro países, simplemente que éstas no se desarrollaron a la misma velocidad y eficacia que en el resto de naciones.

Sin embargo, tarde o temprano, las demandas económicas de la industrialización acabaron favoreciendo también en España dicho desarrollo. Fruto del desarrollo de la siderurgia de hierro y del carbón en el norte peninsular o del mundo textil y comercial en la zona oriental del país, se hace cada vez más necesaria la creación de un eficaz sistema de transporte ferroviario a similitud del resto de Europa. En territorio español, el primer sistema ferroviario, paradójicamente, tuvo lugar no en la metrópolis sino en las colonias, concretamente el de La Habana entre 1837-1840, con el objetivo de  poder extraer la producción agrícola de café y azúcar, abaratando los costos de transporte y mejorando las comunicaciones.

Este sistema se mostró eficaz y a los pocos años llegó a la península, estableciéndose la primera línea ferroviaria en Barcelona (1848), y fomentando la llegada del transporte ferroviario a Madrid. En la capital española, la pionera del ferrocarril fue la Estación-Embarcadero de Atocha, la primera en construirse en la cuidad, que se inaugura el 9 de febrero de 1851 conectando Madrid y Aranjuez, siendo entonces una precaria y simple construcción de madera, lo que motivó que se incendiaria y fuera necesario reconstruirla en materiales más sólidos y reinaugurarla en  1892. Entre medias, se construyeron las otras dos grandes estaciones ferroviarias de Madrid; Norte-Príncipe Pío (1879) y Delicias (1879-1880).



Este desarrollo ferroviario en España fue facilitado por la Ley de Ferrocarriles promulgada en 1855 durante el Bienio Progresista, que provocó un boom expansivo del transporte ferroviario en España que propició que se construyeran entre 1855-1867 unos 4500 kilómetros de ferrocarriles, y se iniciara un próspero negocio al calor de la industria ferroviaria, creándose entonces en torno a 20 compañías ferroviarias, tales como la Compañía del Norte o la célebre MZA, muchas de capital extranjero y que a modo privatizado controlaban el oligopolio de la red ferroviaria española.

Sin embargo, el mundo occidental, iba a conocer entre 1870-1914 una nueva fase de la revolución industrial, gracias al imparable desarrollo de las innovaciones en material de petróleo, electricidad o acero, que provocó que, a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX surgieran todo un conjunto de fascinantes ingenios en todo occidente tales como el teléfono, telégrafo, lámparas y bombillas y nuevos y cada vez más modernos sistemas de transporte como el automóvil, el avión y, además del ferrocarril, una nueva fase de éste; el metropolitano o metro, una variante del sistema ferroviario, subterráneo que ya no solo tendría como objetivo conectar diferentes puntos de la geografía nacional, si no los diferentes lugares de la propia ciudad.

Hasta entonces, dentro de las ciudades, y a pesar de los avances ferroviarios existentes en todo occidente, las formas de comunicación seguían siendo tradicionales, con carruajes, fluviales en el caso de disponer de esta opción, y poco a poco, los tranvías. Sin embargo, el gran cambio se produce ya a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX con la aparición del nuevo sistema metropolitano en casi todas las grandes capitales industriales del occidente europeo, y en este sentido España sí que fue algo más a la zaga del resto. De esta forma, como afirma Luis Cano, cuando en Madrid se empieza a planear la introducción de este nuevo y moderno sistema de transporte, el Metro ya había sido inaugurado con éxito en ciudades como Londres (la pionera mundial, en 1863), Nueva York (1868), París (1900), Berlín (1902), o Hamburgo (1912).

Sin embargo, este atraso del metro madrileño provocó que, a diferencia de otros metros occidentales nacidos con anterioridad, el nuestro lo hiciera directamente inmerso con energía eléctrica desde el primer momento, que se vio favorecida gracias al impulso que produjo posteriormente con la creación de la Nave de Motores de Pacífico, ya durante los años 20, que proporcionaba el suministro energético a la red metropolitana madrileña.

En Madrid, las obras y planificación del Metro dan inicio en 1917, creándose para ello la llamada Compañía Metropolitano Alfonso XIII, en honor al monarca español que participó económicamente en el proyecto, e inaugurándose formalmente el 17 de octubre de 1919 la primera línea del Metro de Madrid formada por las estaciones de Cuatro Caminos, Ríos Rosas, Martínez Campos, (Iglesia), Chamberí, Bilbao, Tribunal, Gran Vía y Sol, que para finales de los años 20 se extendía ya al sur hasta Vallecas y de oeste a este desde Norte (P. Pío) hasta Ventas.


2) Chamartín de la Rosa; un pueblo y su curiosa estación

Sin embargo, como hemos dicho, la evolución del transporte ferroviario era imparable y, al mismo tiempo que el metro madrileño no deja de expandirse durante los años 20 y 30, tampoco lo hacían los grandes planes seguir conectando Madrid con las líneas férreas del resto de España y mejorar y facilitar así la comunicación del país. De esta forma es cuando, ya durante los años 30, empieza a surgir la idea de crear una nueva estación ferroviaria al norte de Madrid, entonces incluso en el extrarradio de la capital, para conectar los ferrocarriles madrileños con el norte español y es por ello que empieza ya entonces a ponerse el foco en un pequeño pueblo ubicado al norte de la Provincia de Madrid, muy cerca de la capital pero aun municipio independiente; Chamartín de la Rosa.

Según afirman Carlos Rodríguez y  Enrique F. Rojo, Chamartín de la Rosa era una antigua villa madrileña que, como casi todas las pequeñas villas del norte madrileño poseen un origen incierto que se remonta al periodo medieval. También al igual que muchas otras villas pequeñas de la época, Chamartín quedo vinculada como señorío a Diego Hurtado de Mendoza, Duque del  Infantado, y desde el siglo XVII a la Casa del   Infantado-Pastrana. 

Para hacernos una idea de la humildad de dicho pueblo, para el Catastro de Ensenada de 1750, se recoge que Chamartín de la Rosa apenas poseía 45 habitantes y 27 casas, una jabonería, un maestro, una taberna-mesón, bodegón y carnicería, un médico, 16 jornaleros, 4 labradores, y 5 pastores. En esta época, el suceso más destacable ocurrido en dicha población fue la estancia, en 1808, del mismísimo emperador Napoleón Bonaparte en Chamartín durante la invasión francesa de la ciudad, alojándose en el antiguo Palacio del Duque del Infantado.

La villa experimenta un ligero impulso a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX gracias a uno de los arrabales que se crean en su término municipal, Tetuán, organizado en torno a la actual Calle de Bravo Murillo cercana a la Plaza de Castilla, y que para los años 30 era ya un populoso barrio que superaba, en mucho, al centro del viejo municipio de Chamartín, llegándose al punto de tener que trasladar el viejo Ayuntamiento de Chamartín a dicho barrio en 1934.

Y es, precisamente, en dicha época, durante el Madrid republicano del Alcalde Pedro Rico, cuando Chamartín de la Rosa, o más bien su término municipal, vuelve a entrar en los planes del Ayuntamiento y especialmente del Ministerio de Obras Públicas, para ampliar las conexiones ferroviarias de la capital española. Era, ese Madrid de los años 30, una época especialmente importante en materia de infraestructuras, abriéndose al público la Casa de Campo, ampliándose la construcción del Metro de Madrid o iniciándose la construcción de los Nuevos Ministerios. Además, desde el Ministerio de Obras Públicas surge en este periodo la idea de ampliar la línea ferroviaria al norte de Madrid, planificando la construcción de una nueva estación de ferrocarril en el término de Chamartín. Como afirman en Vía Libre, publicación editada por la Fundación de los Ferrocarriles Españoles;

“Los orígenes de la estación parten del primer plan de ordenación que se planteó para Madrid en 1929, diseñado por el arquitecto Secundino Zuazo  y el urbanista alemán Jansen. En este plan se proponía la extensión de Madrid hacia el norte, tomando como eje el Paseo de la Castellana y proponiendo el desarrollo de los enlaces ferroviarios con la construcción de un túnel subterráneo.

Fue durante la República, con Indalecio Prieto como Ministro de Obras Públicas, cuando este Plan se lleva adelante con la construcción de Nuevos Ministerios y el desarrollo de un Plan de Enlaces Ferroviarios. Este Plan recogía la construcción de un túnel desde la estación de Atocha, a través de los paseos del Prado, Recoletos y Castellana, hasta Fuencarral para enlazar ya en Las Matas con la línea del Norte en Las Matas. Estaba prevista en esta conexión la construcción de dos apeaderos en Recoletos y nuevos Ministerios y una nueva estación terminal norte en Chamartín.

Las obras se iniciaron en 1933 y quedaron paralizadas dos años más tarde tras la salida de Indalecio Prieto del Ministerio. Por entonces ya se había concluido prácticamente la excavación del túnel y se habían finalizado las obras de la estación de Nuevos Ministerios y del apeadero de Recoletos”.

De esta época, de hecho, es una imagen publicada en el periódico Mundo Gráfico del 31 de enero de 1934, en la que se ve al ya entonces ex Ministro de Obras Públicas Indalecio Prieto presentando su proyecto de “Enlaces Ferroviarios de Madrid”, afirmándose;

“Un enorme gentío se congregó en el Teatro Pardiñas para escuchar a Indalecio Prieto su conferencia acerca del alcance y de la importancia de su proyecto de enlaces ferroviarios. El ex Ministro de Obras Públicas combatió las críticas que se han hecho del proyecto, ponderó las ventajas que su realización supondría para Madrid, e hizo una calurosa defensa de los técnicos que secundaron la iniciativa ministerial”.

En la imagen, se podía ver al político republicano frente a un plano de Madrid en el que, junto a las ya existentes estaciones ferroviarias de Atocha, Norte y Delicias, se proyectaban ya los apeaderos de Recoletos, Los Ministerios, Chamartín y Fuencarral que, con el paso de las décadas, han acabado convirtiéndose todas ellas finalmente en estaciones ferroviarias.

Al igual que muchas otras obras (como los propios Nuevos Ministerios o el desconocido proyecto de la Gran Vía Circular del arquitecto Luis Sainz de los Terreros), la falta de presupuesto, la salida de sus impulsores y, especialmente, el estallido de la guerra civil española entre 1936-1939 paralizaron muchas de estas obras.

Con el final de la guerra civil española, durante los años 40, muchos de los planes y proyectos urbanísticos de Madrid que tuvieron que ser aplazados, se retoman. Y mucho antes de re-iniciar la ampliación ferroviaria, son los propios pueblos del extrarradio madrileño los que sufren y protagonizan la primera gran ampliación de la postguerra. En concreto, se impulsó el Plan General de Madrid de 1942, popularizado como Plan Bidagor (debido a su impulsor, el arquitecto Pedro Bidagor) y aprobado en 1946. 

Este plan, enmarcado dentro de las nuevas coordenadas ideológicas del nuevo régimen franquista triunfante en el país, tendía a una reconfiguración de la capital del estado que, aparte de decorar la zona de la llamada “cornisa del Manzanares” con grandes edificios grandiosos, planteaba retomar los proyectos ferroviarios del norte, se dividía a la ciudad en varias zonas y, especialmente, se tendía al crecimiento y expansión de Madrid en torno a “poblados satélites”. La expansión de la capital era ya un hecho, y a lo largo de la década de los 40 y 50, por el norte y el sur, quedaron anexionados a Madrid los antiguos pueblos de Chamartín, Hortaleza, Fuencarral, Barajas, Aravaca, Canillas, Canillejas, Carabanchel, Vicálvaro, Villaverde o Vallecas. Uno de los primeros, de hecho, fue el de Chamartín de la Rosa, cuyo término municipal queda anexionado totalmente al de Madrid por el Decreto del 14 de noviembre de 1947.

Una vez reencuadrado como parte de Madrid, se procede a la modernización y ampliación de Chamartín y, definitivamente, a la ampliación ferroviaria que pasaba ya por el territorio del término municipal madrileño. Para ello, las obras se retoman en  1967-68 terminándose definitivamente el túnel de la Castellana, comúnmente denominado "túnel de la risa", y creándose el primer apeadero original de Chamartín, entonces inicialmente los andenes, que fueron ampliados en los años 70 con la construcción de la actual Estación. 

Para ello, sin embargo, el ministerio y la línea ferroviaria debía previamente de pasar por encima del ultimo resto visible del antiguo municipio de Chamartín de la Rosa; su viejo cementerio, puesto que, a pesar de que sea desconocido, fue sobre él donde se alzaron las vías de la nueva línea ferroviaria.  Al parecer, el viejo cementerio de Chamartín de la Rosa, que según afirman los mencionados Carlos Rodríguez y  Enrique F. Rojo, dataría de en torno a 1885 suponía en la década de los 60 un serio problema. Con la anexión de Chamartín a Madrid y la ampliación de la ciudad hacia el norte, el que era un antiguo y viejo cementerio ubicado extrarradio de los núcleos urbanos, quedó de repente engullido en mitad del mar de asfalto y hormigón de una ciudad depredadora que no dejaba de crecer. 

Debido a ello, a los problemas sanitarios que suscitaba un cementerio en mitad de un barrio en plena construcción, a la falta de espacio y a la falta de lógica por la desaparición del municipio independiente, a mediados de los años 60 se procedió a su demolición y cierre definitivo.



¿Cuál fue realmente el orden de las secuencias?  ¿Se derribó el cementerio para construir la estación ferroviaria, o ésta se proyectó aprovechando la progresiva y planificada demolición del viejo camposanto? Parece más bien que ambos aspectos se dieron de la mano en conjunción pues, como vemos, la idea de una estación ferroviaria en la zona data de al menos los años 20 pero, sin duda alguna, la anexión del término municipal y lo innecesario del viejo cementerio ayudaron a que las líneas férreas de la nueva estación de Chamartín se asentaran definitivamente sobre los terrenos del viejo cementerio.

Las dudas asaltan, sin duda, al ver cómo a finales de los años 60, las vías férreas de la estación aun todavía en construcción aún se topaban con el grueso muro del cementerio y sus lapidas que, sin embargo, realmente estaba ya vacío cuando se termina de construir la estación. Así lo atestiguan dos anuncios publicados por el Ayuntamiento de Madrid en el ABC. El primero de ellos, fechado el 28 de octubre de 1965 ponía en conocimiento que;

“…el Ayuntamiento de Madrid procederá a la total eliminación de los restos mortales sepultados en el Cementerio de Chamartín de la Rosa, a fin de que los familiares de los inhumados puedan adoptar en el plazo de un mes las disposiciones que su derecho les permita”.

El segundo, del 23 de febrero de 1966 afirmaba;

“Sobre la total eliminación de restos inhumanos en el clausurado cementerio de Chamartín de la Rosa que, en las oficinas del Cementerio de Nuestra Señora de la Almudena, deberán formalizarse las oportunas reclamaciones de traslado”.

Por tanto, parece claro y documentado que, cuando se construye la Estación de Chamartín en 1967-68 hacía ya 3 años al menos que el cementerio estaba cerrado y sus restos mortales inhumados en la Almudena y, sin embargo, vemos cómo aun durante la construcción de la estación ferroviaria las obras quedaban interrumpidas por la presencia del cementerio y aun después de inaugurado eran visibles algunas de sus lapidas vacías, al menos como afirma María Isabel Gea Ortigas, hasta la década de los años 70.



Ello parece ser explicado poco antes del cierre del cementerio en un  artículo del ABC dedicado a la construcción de la estación ferroviaria, el 26 de febrero de 1964, donde Luis de Armiñan, afirma que;

“El cementerio de Chamartín impide que los andenes continúen. Hace ya diez o doce años que no se entierra en él, pero no hay medio de que comiencen a expropiar. Supondrán que hay tiempo para hacerlo, esperan otros treinta años para que esto termine”.

Parece, pues, que fueron problemas de expropiación y legales los que atrasaron el cierre definitivo y puede que, incluso, alargaran la finalización de las obras de la estación.

En todo caso, al final, los viejos restos vacíos del cementerio de Chamartín dejaron paso a la nueva realidad urbanística del Madrid moderno, con sus nuevas y modernizadas estaciones de tren y metro, algunas de ellas, como vemos, y a pesar del desconocimiento de muchos madrileños que cada día pasan por sus andenes e isletas, construidas sobre los restos de uno de los últimos cementerios del viejo Madrid. 


Fuentes;

-Hemeroteca Digital. BNE

-Hemeroteca ABC.

-Chamartín. Álbum de fotos. Carlos Rodríguez / Enrique F. Rojo.

-María Isabel Gea Ortigas. Historia del Oso y el Madroño. Antiguos cementerios de Madrid.

-Planes para Madrid.

-Pedro Bidagor Lasarte. Historia del urbanismo contemporáneo español. Revista Urbanismo COAM.






domingo, 23 de febrero de 2020

Supresión de la Inquisición


Real Decreto del 15 de julio de 1834, durante la Regencia de María Cristina, por el cual se declara la supresión definitiva del Tribunal de la Santa Inquisición en toda España.