lunes, 18 de junio de 2018

Ley de defensa de la República



La Ley de Defensa de la República fue una ley aprobada el 21 de octubre de 1931 por las todavía Cortes Constituyentes de la Segunda República (la constitución no se aprobaría hasta dos meses después) para dotar al Gobierno Provisional de un instrumento de excepción al margen de los tribunales de justicia para actuar contra los que cometieran “actos de agresión contra la República”. 

lunes, 11 de junio de 2018

Los antecedentes históricos de la integración europea


El proyecto de la Constitución europea, que ya en su día frenaron los franceses y holandeses, ha resultado ser el mayor fracaso de la construcción europea desde que en 1946 Winston Churchill propugnó en la Universidad de Zúrich la creación de los Estados Unidos de Europa que, si bien no llegó a materializarse, si fue precedente del Consejo de Europa y tuvo una clara influencia y herencia del modelo estadounidense del ya nacido bloque occidental capitalista en la guerra fría, donde quedó encuadrada la Europa occidental que luego crearía la Unión Europea.

Esta idea fue una continuación en el tiempo del proyecto ideológico del gran inspirador y antecedente de la construcción europea, Richard Coudenhove-Kalergi, del que, según parece se inspiraron a la hora de redefinir teórica, política y económicamente los marcos de la  unidad europea.

Richard Coudenhove-Kalergi, político austro-japonés nacido en 1894 fue el gran pionero del ideal europeísta. En una época de entre guerras aun herida por los efectos de la guerra civil europea de 1914 y donde todavía se miraba con recelo nacional a los otros países, Kalergi empezó a idear el proyecto de una Europa unida y no dividida en nacionalismos.

La plasmación de ello estuvo en su libro, publicado en 1923 con el título “Pan-Europa”, que fue precedente de la Unión Paneuropa, el movimiento europeo más antiguo y antecesor directo de la Unión Europa, que Kalergi definía como;

“Paneuropa es una nueva fuerza, una nueva corriente de ideas, que se fortalece cada año. Si todos los estadistas europeos reconocieran la necesidad de que los europeos se unieran, Paneuropa sería realidad dentro de seis meses”.

Kalergi, según lo define el Comité Español por la Unión Paneuropea, veía a Europa como un proyecto con un pasado e historia común que debía estar unida, pero con independencia de sus pueblos y naciones, unidad pero no uniformidad, y rechazo al chovinismo nacionalista-imperialista que había llevado, apenas 10 años antes, al continente a la mayor guerra civil de su historia.




Si bien su mensaje no tuvo mucho calado en una Europa en la que los países aliados ganadores de la guerra veían con recelo a sus vecinos derrotados y los derrotados se imbuían en un espíritu de odio nacionalista y revanchista que derivaría en la creación del fascismo y del nazismo, si fue recogido poco después por la nueva oleada y generación de políticos europeos de la posguerra mundial que construirían la unidad europea, como Robert Schuman o Winston Churchill. 

No obstante, y a pesar de que la Paneuropea se ha basado siempre en el respeto por los derechos y libertades de los individuos y del acogimiento de todas las razas y culturas, sin embargo el programa, redactado a inspiración de las ideas conservadores de su fundador, un aristócrata austriaco vinculado a la Casa Habsburgo, ya poseía una orientación hacia una Europa con valores conservadores y profundamente religiosos cuando, aun en su Manifiesto de Estrasburgo de 1995 se regocija por la caída del bloque comunista como una nueva oportunidad para la definitiva unificación europea, y apostaba por un “patriotismo europeo” compatible con las identidades nacionales europeas, reconocer el alma cristiana de Europa y combatir las tendencias que erosionan la fuerza moral europea.

Después de Kalergi, como decimos, el testigo lo recoge el líder británico Winston Churchill, otro gran inspirador de la unidad europea de la que bebe actualmente la UE.



Político conservador que dirigió a su país en los terribles años de la segunda guerra mundial y de los intentos alemanes de invadir Europa, tras el conflicto bélico intentó apostar, a través de sus Estados Unidos de Europa la unidad europea opuesta esta vez a la amenaza soviética, y manifestada en su famoso Discurso de Fulton de 1946, cuando acuñó su famoso “telón de acero” cuando afirmaba; 

“Desde Stettin, en el Báltico, a Trieste, en el Adriático, ha caído sobre el continente un telón de acero. Tras él se encuentran todas las capitales de los antiguos Estados de Europa central y oriental, todas estas famosas ciudades y sus poblaciones y los países en torno a ellas se encuentran en lo que debo llamar la esfera soviética, y todos están sometidos, de una manera u otra, no sólo a la influencia soviética, sino a una altísima y, en muchos casos, creciente medida de control por parte de Moscú”. 

Sin embargo, en la Europa de postguerra, tras la decadencia y caída de la hegemonía británica en el continente, que fue cada vez más aislándose en su isla, este afán por dirigir el testigo político europeo lo empezó a tomar Alemania. Alemania, hasta 1871 vivía separada en numerosos estados gobernados por príncipes soberanos que históricamente vivían bajo la influencia de la casa de Habsburgo en Austria. 

A mediados del siglo XIX, uno de esos estados alemanes, el más poderoso de todos, Prusia, dirigido por su Káiser Guillermo I, y bajo el gobierno de su canciller, el terrateniente prusiano Otto von Bismarck inicia un proceso de unificación nacional, con el objetivo de unir a todos los estados alemanes en un solo país. 

De esta forma, Prusia, bajo el poder económico de su poderosa clase terrateniente aristocrática (junker) y la incipiente burguesía industrial urbana, crea y fortalece su poderoso ejército que en apenas unos años consigue unificar a todos los estados alemanes, invadir y derrotar al poderoso imperio francés en 1871, creando el naciente imperio alemán (II Reich).



Esta supremacía económica le dio a Alemania durante la época imperial un papel hegemónico no solo europeo si no mundial, llevando a cabo una “germanización” del país y territorios cercanos y resumido en la teoría de la “Realpolitik”, basada en la idea de obtener un dominio total de la política continental europea a través de los llamados “sistemas bismarckianos” en los cuales a través de alianzas secretas consigue aislar a todos sus enemigos y dominar la política europea. 

Era otra manera de conseguir la unidad europea bajo la hegemonía germánica, que luego retomaría el Káiser Guillermo II con su “Weltpolitik”, que aspira a convertir a Alemania en una superpotencia no ya solo europea si no mundial (“Alemania busca su lugar bajo el sol"), y finalmente se materializaría en el nacionalismo expansionista alemán en Europa dirigido por el partido nacional-socialista (NSDAP) de Adolf Hitler, que intentaría nuevamente  entre 1933-1945 una unidad europea por la fuerza de las armas y bajo la tutela alemana.




Esa primacía alemana bajo el poder militar sería, definitivamente, sustituida tras la derrota nazi de 1945 por una supremacía económica en el continente europeo que aun representa la Alemania federal democrática en nuestros días, apoyada especialmente por Estados Unidos (como lo demuestra el apoyo incondicional mutuo a nivel político y económico en la guerra fría para frenar el expansionismo soviético, o las instalaciones americanas en suelo alemán, como la base militar de Ramstein, cuartel general de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos en Europa), y evidenciado en posturas favorables a una hegemonía alemana en la llamada “Kerneuropa” ('núcleo europeo', un proyecto de integración multinacional propuesto en los años noventa por los políticos alemanes Wolfgang Schäuble y Karl Lamers), es decir, la Europa económica y militarmente más fuerte, protagonizada por el ya famoso “eje franco-alemán” que ha sido especialmente poderoso y notorio a partir del gobierno de Angela Merkel en la primera década del siglo XXI. 

Este proceso de liderazgo de la Europa más fuerte política y económicamente, a través del desarrollo de la llamada “Zona Euro” a lo largo de estos últimos 24 años le ha generado a Alemania una ventaja económica en el continente europeo, como afirma por Juan Torres López; 

“Con la moneda única, y al carecer de esta estrategia defensiva, la potencia exportadora alemana ya no ha tenido barreras, lo que debilitó poco a poco la industria y, en general, la producción nacional en la periferia. Así se iba gestando un gran superávit en Alemania paralelo al déficit de los países periféricos”. 

Tras la II Guerra Mundial, este proceso de unidad europea potenciado por Kalergi o Churchill se acabaría materializando a través del Plan Schuman-Monnet, que daría lugar al Tratado de París firmado el 18 de abril de 1951, en que nació la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA), y finalmente en los Tratados de Roma del 25 de marzo de 1957, por los que se creaba la Comunidad Económica Europea (CEE) y la Comunidad Europea de la Energía Atómica (EURATOM), base directa ya de la actual Unión Europea.

Fuentes






domingo, 10 de junio de 2018

La legión romana



La legión romana, la unidad básica en la antigua roma, consistía en un cuerpo de infantería pesada de unos 4.200 hombres, llegando mas tarde hasta los 6.000 soldados y 300 jinetes.

Es considerada la mas efectiva unidad militar, que ha pasado por los anales de la humanidad.

Las bases históricas de la crisis institucional española


1) Los intentos de crear un imperio universal

Para comprender en detalle la crisis política, económica e institucional actual en la que vive nuestro país,  debemos matizar y remontarnos un poco a nuestros más cercanos antecedentes histórico-políticos.

El siglo XIX, uno de los más conflictivos, fue el momento en el que se asientan las bases del posterior sistema actual y por lo tanto, nuestro sistema burgués actual la debemos a un mal desarrollo económico e institucional en este momento, a diferencia de lo que pasaba en otros países europeos. 

La monarquía española venía de una herencia de corte absolutista desde el siglo XV con los Reyes Católicos de Castilla y Aragón, manteniendo intactos por un lado los elementos de propiedad de los medios de producción feudales a nivel económico, pero modificando sustancialmente el ordenamiento político en la superestructura del estado, de forma que la nobleza y la aristocracia feudal ven limitado su poder (aunque dirigen la economía y la sociedad hasta el siglo XX), a favor del soberano absoluto, que se alía cada vez más con banqueros prestamistas que lideran una transformación en el orden económico internacional basado en el moderno mercantilismo, especialmente tras la colonización americana, tal y como lo evidencia la primacía política en la corte aragonesa del comerciante y prestamista  Luis de Santangel, o, más adelante, el caso del banquero y prestamista alemán Jakob Fugger en la época de Carlos V.  

Con la nueva dinastía de Habsburgo en el trono español, tras la unión de la hija de los soberanos católicos, Juana de Castilla y Felipe de Habsburgo, el estado absolutista moderno continua su expansión ya iniciada con los soberanos castellano-aragoneses, y se asienta durante los reinados absolutos de Carlos V y Felipe II, los cuales completan su proyecto; consolidación del absolutismo monárquico, supremacía y expansión territorial  europea y creación de un imperio colonial americano, además de fomentar la hegemonización religiosa cristiana.




Un imperio universal y una religión universal son los signos del imperio español naciente que, sin embargo, no acaba de cuajar con el paso de los años, a diferencia de sus homólogos  franceses e ingleses, debido a las contradicciones internas entre un modelo político imperialista moderno y unas estructuras económicas de propiedad aún ancladas en el viejo feudalismo tradicional donde las élites sociales tenían todo su poder, ya que las clases proto burguesas, que controlaban el comercio en zonas catalano-aragonesas, vasco-cántabras o andaluzas, pues, no eran una fuerza pujante y dominante en la época, frente a las élites terratenientes y feudales de la alta sociedad castellana que mantenía intacto el control del poder, del reino y de la economía.  

La falta de ingresos por la poca inversión regia y la nula modernización  económica del país, los enormes gastos públicos en las numerosas contiendas bélicas de la época (especialmente en los territorios europeos del sacro imperio), y la ausencia de fuerzas materiales humanas suficientes provocan que el basto concepto de “imperium universaliis” austracista se vaya desmoronando progresivamente a lo largo del siglo XVI y XVII, cuando el imperio español se va reduciendo cada vez más, y con ello, sus ingresos económicos, y que tendrá su puntilla en las dos primeras décadas del siglo XIX, cuando los últimos grandes restos del imperio colonial americano se independizan de la corona española. 

A ello, se le suman las cuestiones sociales por el enorme descontento social, especialmente del campesinado rural, al que se le va sumando un cada vez mayor proto-proletariado urbano que surgen debido a las contradicciones sociales entre un imperio universal con abundantes recursos que, sin embargo, no se aplican ni en la modernización, ni en el progreso social y económico del país, ni desde luego tampoco en la estructura de propiedad, que sigue siendo marcadamente feudal, en manos de una rica nobleza y aristocracia privilegiada y terrateniente, que se ha ido formando a lo largo de la baja edad media y moderna, y que aún mantiene sus privilegios de propiedad, evidenciado en el caso de las Casas de Abrantes,  Berwick- Liria-Alba de Tormes, Arjona, Alcalá de los Gazules-Denia-Medinaceli, Alburquerque, Aliaga, Almazán, Amalfi, Bejar, Benavente, Osuna-Gandía, Infantado-Saldaña-Santillana, Palata, Sessa, Villahermosa, Aguilar de Campoo, Ariza, Albayda, Albañices, Astorga, Balbases, Leganés, Malferit, Mortara, Pescara, Sentmenat, Távara, Aguilar de Inestrillas, Alcudia, Altamira, Amayuelas, Castrillo, Monclova, Perelada, Torrejón,  Hijar-Aranda, Arcos, Estremera-Mendoza, Linares, o  Medina Sidonia.




Estas casas, todas ellas con Grandeza de España, y que forman el grueso de la aristocracia española y gran parte de la Diputación de la Grandeza, como órgano vinculado a la monarquía española  desde  su creación con Fernando VII en 1815, tienen sus raíces en este periodo tardo feudal y moderno que sienta las bases político-económicas del estado. 

Por el contrario, la amplia mayoría de la base social española seguía siendo pobre y cada vez se acrecentaban más las diferencias sociales, generando los primeros malestares y tumultos sociales por motivos puramente de hambre (los llamados motines de subsistencia o hambre) o religiosos, por lo tanto reformistas y aún carentes de motivación revolucionaria, como los Motines del Pendón Verde- Sevilla (1521), Alpujarras-Granada (1568-1571), De la sal-Vizcaya (1631-1634), Corpus de Sangre-Cataluña (1640), Medina Sidonia-Andalucía (1641), o el más característico de todos ellos, el llamado Motín de los Gatos, acontecido en Madrid en 1699, y que costo la destitución por parte del rey Carlos II del corregidor de Madrid, Francisco de Vargas y del propio valido del rey, el Conde de Oropesa. 

Con el siglo XVIII, se producen nuevas tensiones y contradicciones internas en el seno de la élite política española, entre facciones que representan dos modelos opuestos y que protagonizan la primera gran guerra civil moderna de España (después de la de los Comuneros en 1521), la guerra de sucesión española de 1700-1714. 

Por un lado el modelo Habsburgo-austracista, descentralizador y defensor del mercado comercial mediterráneo, y por otro lado, el modelo borbónico-francés, centralista, modernizador y basado en el modelo político-económico castellano, que será quien triunfe en la figura de Felipe de Anjou (Felipe V de España), e inaugure la aún reinante Casa de Borbón en el trono español.




Los borbones franceses, con más buenas intenciones que alcances reales, aunque modernizan económicamente el país (especialmente Felipe V y Carlos III, con la introducción de un modelo más centralizado y ordenado administrativamente, saneamiento económico, introducción de una leve industrialización y modernización económica del país, y del racionalismo científico), sin embargo se muestra ineficaz para gestionar los enormes problemas políticos de un imperio moribundo. 

A ello se suman ya un amplio descontento social entre las clases bajas por la carestía de alimento, la explosión demográfica y las influencias modernizadoras de los consejeros franceses e italianos que las élites nobiliarias españolas (desplazadas en muchos casos del poder político) habían vendido a las clases populares como perjudiciales para el modo de vida tradicional español , y que se manifiesta aquí en el famoso Motín de Esquilache de 1766 en Madrid donde las clases populares se levantan por temas menores (decretos de vestido y alumbrado público ) introducidos por la mano derecha del secretario de estado del rey, el Marqués de Esquilache, de origen italiano, que evidenciaban un fuerte malestar social motivado por el hambre, la falta de trabajo y la difícil situación económica del país, con carestía y encarecimiento de productos básicos para las clases populares.




Este motín, que fue alentado por las clases nobiliarias españolas frente a los hombres fuertes del rey, de origen italiano (Marqueses de Grimaldi y Esquilache), como una lucha de élites por el poder político del estado, sin embargo evidencia que las clases populares, que han aprendido que a través de las presiones y revueltas callejeras es posible conseguir reformas y mejoras económicas, han abierto un proceso de despertar de conciencia que no se detendrá hasta su articulación en el movimiento obrero español a finales del siglo XIX.

2) El siglo XIX; crisis y decadencia de un modelo de estado

Ya, precisamente, para este siglo XIX, la crisis del reino español es total debido a la incapacidad de las clases poderosas; crisis política del imperio que no se ha sabido modernizar, crisis social provocada por el descontento de una amplísima masa rural atrasada, y una potentísima y gravísima crisis económica persistente en España de forma interminable desde el siglo XIX, debido a la contradicción entre una revolución industrial, capitalista y burguesa europea pujante frente a un modelo económico español feudal, rural y completamente atrasado, del que se aprovechan los capitalistas de todo el mundo. 

Un buen ejemplo que ilustra éste aspecto lo evidencia el saqueo minero que se materializa cuando en 1873 un consorcio británico compra las minas de Rio Tinto al estado, que es incapaz de explotarlas adecuadamente fundándose la Rio Tinto Company Limited, y ejerciendo un dominio extranjero total que se llega a saldar con tensiones con un naciente movimiento obrero local, que acaba estallando en la Matanza de Riotinto de 1888. 



Sobre este aspecto de capital extranjero, el ideólogo Ramiro Ledesma afirmaba; 

“Es sabido que España ocupa el primer lugar en la producción mundial del cobre. Su riqueza minera, que alcanza también relativa importancia en otros productos, tiene en las piritas de hierro y cobre su exponente más fértil. Más de la mitad de toda la producción mundial de estas piritas se obtiene de nuestras minas, enclavadas en las provincias de Sevilla y Huelva. 

Esa producción española pasa de 3.000.000 de toneladas anuales. Unas dieciocho compañías se reparten todas las minas. De ellas, quince son extranjeras. Las tres restantes alcanzan una proporción irrisoria respecto a la totalidad de piritas extraídas. Unas 50.000 toneladas. Según datos de 1920, el capital extranjero que había en España colocado en la industria minera del cobre era de unos 115 millones de pesetas. Lo que supone aproximadamente un quinto de todo el capital español empleado en minas. 

Lógicamente, cabría esperar que el hecho de poseer España en su territorio una tal riqueza en la industria del cobre daría a la economía de nuestro país una gran impulso en cuanto se relacionase con esta materia prima y su sucedánea el azufre. No ocurre así, pues las empresas extranjeras beneficiarias exportan el material bruto en su casi totalidad. 

De este modo, España no obtiene ventaja alguna en cuanto a las industrias transformadoras ni tampoco en relación con el consumo mismo del cobre. Parece que no llega ni al tres por ciento la cantidad de piritas que se transforman o benefician en España. El resto lo exportan las compañías al extranjero como materia prima para dar lugar a la obtención final del cobre y ácido sulfúrico. El establecimiento en España de esas industrias transformadoras y el hacer realmente de nuestro país el centro productor y exportador del cobre y sus derivados supondría un incremento de riqueza al que tenemos los españoles pleno derecho. 

Para mayor sarcasmo, resulta que, correspondiendo al suelo español ese enorme porcentaje que hemos visto en cuanto a la producción mundial, es España quizá el país donde el cobre tiene un precio más alto. Es decir, que los industriales españoles que utilizan el cobre como materia prima tienen que pagarlo a un precio mayor que en otras naciones. 

Y no una diferencia leve, sino casi unas 600 pesetas más por tonelada. Como si dijéramos el tributo que se ven obligados a pagar los españoles por la desgracia de que en su territorio existan los más fecundos yacimientos de ese metal. El caso de las minas de Riotinto, dentro del panorama global del cobre en España, tiene relieves especiales, que obligan a poner en él atención más urgente y angustiosa. 

El origen de la concesión, su desarrollo, los enormes beneficios que logra, el carácter mismo de la industria extractiva, etc., son detalles que han contribuido a formar aquí y fuera de aquí, en torno a Riotinto, una atmósfera de explotación colonial, irritante para la dignidad moral y para los intereses económicos de los españoles”. 

A todo ello ayuda un factor clave que configura el moderno sistema español; la guerra de independencia de 1808-1814, en la cual las crisis descritas estallan irremediablemente, ya que el reino español es incapaz por un lado ya de competir con los modernos imperialismos burgueses de la época como el francés, ante el cual acaba sucumbiendo, y por otro lado ello le impide ya gestionar de una forma eficaz los restos del imperio en el continente americano, que queda abandonado, con la crisis de 1808, a su suerte, provocando un fuerte malestar en la élite burguesa criolla americana que acaba de cuajar en proyectos e ideales independentistas, al ver la falta de apoyo y protección de la metrópolis. 

A nivel social, las contradicciones entre la élite feudalista y la escasa pero ya incipiente burguesía urbana liberal va a provocar una crisis interna en la resistencia española que gana momentáneamente por primera vez en la historia hasta ese momento, lo cual lo convierte en un hecho relevante, con la aceptación y aprobación de la primera constitución política española de 1812, impulsada por liberales. 

Ello suponía un freno al poder real y un mayor afianzamiento de los derechos ciudadanos, y que fue y será duramente combatida durante gran parte del siglo, a pesar de su moderado alcance pues, aunque es liberadora y progresiva con respecto al talante autoritario de la monarquía española hasta el momento, también asienta conceptos que serán el origen de los posteriores privilegios de clase de la burguesía española, cuando está políticamente se afiance a lo largo de los siglos siguiente.



Como dice el historiador Félix Rodrigo, este texto conserva estructuras aún conservadoras, y se redacta de espaldas a un pueblo que, aunque soberano no está ni social ni económicamente representado, y que tienen su lógica en la forma de hacer política por parte de las élites españolas, como vemos, desde los orígenes mismos del constitucionalismo político moderno español. 

Las formas naturales de representación y participación política de los españoles, como la familia y especialmente el municipio y el concejo local, se irán poco a poco erosionando a favor de la representación política liberal electoral y de las cortes políticas, generalmente restringidas a los más notables de la sociedad. 

Sin embargo, y aunque moderado, el proyecto constitucional supone el éxito momentáneo por primera vez en la historia de un proyecto liberal de estado que ponía el freno al enorme poder de las élites políticas nobiliarias, aristocráticas y de la propia casa real, y debido a ello será aplastado, combatido y neutralizado por éstas élites a partir de 1814 con el restablecimiento en España del proyecto tradicional, feudal y absoluto de estado impuesto por los Borbones. 

El siglo XIX, pues, será un proceso de contradicciones y luchas entre las dos facciones (nobiliaria-aristocrática-feudalista, por un lado y la burguesa-urbana-proto capitalista, por otro) por la toma del poder, cuando éstas aún estaban enfrentadas (como ocurría en Europa) y antes de que ambas se dieran la mano en dos procesos históricos recientes que configuran la historia actual de España; el franquismo y la transición monárquica. 

Estos enfrentamientos del siglo XIX, evidencian un siglo muy alterado con; una guerra de independencia, una dictadura absoluta de 16 años de duración, dos invasiones extranjeras, decenas de pronunciamientos militares o intentos de golpes de estado, 2 reyes extranjeros y hasta 3 casas reinantes, una república con dos modelos diferentes de gobierno (en la que se produjeron alzamientos separatistas locales, fruto de un sistema de gobierno que, como dice el historiador catalán Pere Gabriel, fue más una alternativa que un deseo), 3 guerras civiles (las carlistas fruto de las luchas de poder entre los sectores feudalistas y absolutistas y los liberal burgueses), una restauración monárquica a través de un golpe de estado, 7 proyectos o textos constitucionales (1808, 1812, 1834, 1837, 1845, 1869, y 1876), dos jefes del gobierno asesinados (Juan Prim en 1870, y Antonio Cánovas del Castillo en 1897), numerosos atentados (de los que fueron especialmente destacados los de 1893 y 1896 en Barcelona) y varios intentos de asesinatos contra los reyes Isabel II y Alfonso XII. 

Un panorama, al que había que añadir los numerosos conflictos, protestas y manifestaciones del ya incipiente movimiento obrero español (con el anarquismo fuerte en Cataluña y Andalucía y el socialismo en Madrid, Asturias y la zona industrial vasca), que demuestran que el siglo XIX fue especialmente intenso, pero no más que en otros países europeos o americanos del momento. 

El hecho diferenciador de este clima de tensión política con otros países del entorno es que, mientras que en el extranjero ese clima de violencia y tensión política tuvo como objetivo, y con éxito, el avance y desarrollo del liberalismo burgués y del capitalismo, en nuestro país, al contrario, los grandes reforzados de toda esta tensión siempre fueron la monarquía, y las élites tradicionales aristocráticas y nobiliarias. 

La estructura de propiedad apenas cambió debido a una ineficaz desamortización liberal que solo benefició a los grandes propietarios, la industrialización para inicios del siglo XX era residual (en la zona catalana, vasca y madrileña, donde se desarrolló a la par una fuerte burguesía y un fuerte movimiento obrero) y las clases sociales tradicionalmente dominantes desde la época feudal siguieron con el dominio político y económico, apenas alterado en las zonas industriales por el avance de la burguesía liberal, de la industrialización y del comercio mercantil que, sin embargo, no eran dominantes en España a finales del siglo XIX. 

En medio del constante caos político en el que vive el país a finales del siglo XIX, destaca por encima de todo un fenómeno que, junto con el fracaso de la industrialización española, pone las bases históricas del modelo actual en el que vivimos; el bipartidismo.



Con el restablecimiento de la monarquía borbónica en 1874 tras el fracaso que supuso la I República, el rey Alfonso XII idea un nuevo sistema político-institucional que se impondrá en los diversos momentos constitucionales (que no necesariamente democráticos) del siglo XIX, XX y XXI de España, en el que se combinan una fachada de apariencia constitucional-parlamentaria, represión, censura, e imposición de las clases privilegiadas, tomando como ejemplo el modelo parlamentario británico. 

Este sistema bipartidista, en el que aún hoy seguimos viviendo casi 200 años después, se fundamenta en el entendimiento de los dos grandes partidos oligárquicos del momento, el conservador y el progresista, en la supuesta existencia de elecciones libres, parlamentos y hasta una constitución (1876), pero todo ello irreal, ya que la constitución era una carta en blanco que no se cumplía por la ausencia de una libertad política real, el parlamento un falso consenso donde solo estaban representadas las élites (aun cuando años después entrara de forma testimonial el PSOE de Pablo Iglesias), las elecciones estaban amañadas y orientadas para que salieran siempre los mismos partidos de la oligarquía, y la represión y la censura contra la oposición (republicanos, obreros….) estaba a la orden del día. 

Es lo que se conoce como “el pucherazo” o el “caciquismo”. Las bases de este sistema estaban en el fraude electoral de los caciques locales y estatales. Desde los grandes centros de poder urbano, donde estaban las sedes centrales de los dos grandes partidos de la oligarquía, se decidía y preparaban las próximas elecciones, dejando todo listo para que fueran amañadas convenientemente.



Ello se transmitía a los caciques locales y regionales de todo el país, que se encargaban de que los resultados planeados salieran; cambio de votos, amenazas y extorsiones, votos fraudulentos. 

Por lo tanto, la existencia de un bipartidismo político y un control económico por parte de unas pocas oligarquías, hunde sus raíces en la más cercana historia del pasado reciente español. Si bien hoy en día la manipulación electoral no existe, la esencia del predominio de dos grandes bloques monolíticos para controlar la vida político-económica del país sigue intacto. 

Económicamente, el país se mantuvo en manos de unos pocos sectores que siempre se opusieron, hasta que les resultó rentable, a toda modernización industrial, a diferencia del resto de Europa y que explica claramente los diferentes ritmos económicos y el clarísimo atraso al que se ve sometida España en relación a sus socios europeos. 

Cuando Inglaterra, Francia, o Alemania estaban en la ola industrial en el siglo XIX, España daba tímidos pasos con una ligera industrialización de Madrid, zona vasca o Cataluña, una lenta modernización de las estructuras en manos del capital privado (ferrocarriles) y una leve explotación minera cuyos frutos recayeron en las empresas extranjeras ya mencionadas que expoliaron nuestros recursos, sobretodo en una época en la que estos recursos aun eran el motor económico del país.

3) Los inicios de la recuperación económica en el siglo XX

Leve intento modernizador y paréntesis rupturista de este ritmo habitual de las clases privilegiadas en la historia española lo supuso la experiencia de la II República de 1931 a 1939, en la cual un sector progresista, rupturista y modernizador de la burguesía republicana, aliada con el movimiento obrero más avanzado, trataron de subvertir este orden tradicionalista, a través de una mayor implicación de las clases trabajadoras, educación popular, y una serie de reformas (agraria, militar, social y nacional), que intentaron modernizar el país, encontrándose en el golpe de 1936 en frente a los sectores conservadores, base del bipartidismo desde 1876 formado por el ejército, los banqueros, industriales y terratenientes y la iglesia católica, sumado a la incapacidad de las élites burguesas republicanas de hacer en muchos casos un proyecto común de país y cayendo, en muchos casos presionados por el movimiento obrero, por una política sectaria de represión y en un proyecto más de partido que de nación. 

La naturaleza del régimen político español moderno arranca en 1939, cuando surgen las estructuras políticas, jurídicas y socio-económicas que serán base para la historia institucional moderna y actual de nuestro país. 

También la dictadura franquista será el origen de un poderoso movimiento obrero, estudiantil, feminista, social y nacional que puso en entredicho la paz social, inaugurando movimientos sociales aún vigentes en la actualidad, tanto a nivel político como sindical. 

Por su parte, la burguesía y aristocracia conservadora, económicamente empiezan a montar, organizar y desarrollar el capitalismo financiero y monopólico que ya se había empezado a organizar inicios del siglo bajo el reinado de Alfonso XIII.




Es, pues, en época franquista, cuando, a través del I.N.I. o del propio estado, se nacionalizan empresas existentes desde finales del siglo XIX e inicios del XX, o se crean grandes monopolios económicos, posteriormente privatizados en los 80 y 90, y que con el tiempo han controlado la economía del país; Campsa, Encaso, Petronor, INH (luego REPSOL), Enasa, Endesa, Ensidesa, SEAT, IBERIA, Aviaco, RENFE, Telefónica, Tabacalera…. 

De esta forma, no es difícil concluir que las grandes empresas que cotizan hoy o han cotizado históricamente en el Ibex-35 se crean al albor del franquismo o se vieron claramente potenciadas y beneficiadas por éste, como se evidencia en los casos de; 

Abengoa, Abertis, Acerinox, Iberduero (actual Iberdrola), ENSIDESA (hoy Arcerol-Mittal), Bankinter, Enagás, Petromed (hoy BP), Construcciones y Contratas, actual FCC, Ferrovial, Grifols, Inditex, MAPFRE (que surge en 1933 al amparo de grupos empresariales opuestos a las reformas republicanas bajo el nombre de “Mutualidad de Seguros de la Agrupación de Propietarios de Fincas Rústicas de España”), ONCE, Técnicas Reunidas, ENDESA, PRISA-Santillana, Simago (hoy Carrefour), Sol Meliá (heredera del poderoso negocio hotelero-inmobiliario Altair), Grupo Planeta, FENOSA (hoy en día Unión Fenosa), o Grupo Anaya. 

Todos ellos son otros buenos ejemplos de cómo los grandes capitales y fortunas de la España actual tuvieron sus inicios durante la dictadura franquista. Para el régimen franquista, sus aportaciones económicas fueron vitales para la prosperidad económica del país, que de otra forma se enfrentaba a la carestía, y la autarquía, y a su vez, éstos se vieron apoyados por el estado, que les permitió con amplias garantías y beneficios iniciar sus negocios, base de su actualidad prosperidad económica. 

A eso deberíamos añadir, que no solamente las grandes empresas e industrias se crearon en esa época. También algunos de los principales medios de comunicación de este país hunden sus raíces directamente en la época franquista, siendo el caso de; 

-Cadena COPE, que empezaría sus retransmisiones regulares en 1979. 

-Radio Nacional de España, fundada por el dirigente franquista José Millán-Astray en Salamanca en 1937, en plena guerra civil española 

-Cadena SER , Sociedad Española de Radiodifusión-SER, herencia de las previas Radio Barcelona y Unión Radio de Madrid que se incautaron a los republicanos por parte del nuevo estado franquista, fue fundada formalmente en 1940. 

Además de ello, el monopolio del régimen en los medios de información, se completa con las agencias de noticias que surgen en la época, como fue el caso de; 

-Agencia EFE; fundada en Burgos en 1939 cuando Ramón Serrano Suñer impulsó la creación de la agencia de noticias privada, pero vinculada al sistema político. 

-Agencia Europa Press, creada como agencia de noticias privada en 1957 por un grupo de intelectuales. 

Como vemos, el bloque empresarial, financiero, y mediático creado en época franquista, sirvió para pilotar el rumbo de España por parte de este sector dominante que en 1975 tenía un monopolio político, económico, e informativo en sus manos, y que fue clave para lograr el éxito económico y el consenso mediático en la transición en torno a Adolfo Suárez y el Rey Juan Carlos I.

Fuentes

-Hernández, José Antonio. Ayuso, Flora. Requero, Marina. “Historia de España”. Editorial Akal, Madrid, 2009.

-“Historia de España". El Mundo, 2004.

-Ledesma Ramos, Ramiro. “Nuestra Revolución”.

-Rodrigo Mora, Félix. “La otra cara de La Pepa”.

jueves, 7 de junio de 2018

Cómo vivían los romanos


La profesora Mary Beard mira más allá de las historias de los emperadores y de los ejércitos para centrarse en las vidas de la gente común que vivía en el corazón del vasto imperio de la Roma Antigua. 

Todavía vivimos a la sombra de la Roma antigua, una ciudad en el corazón de un vasto imperio, que dominó el mundo conocido durante más de 700 años. 

miércoles, 6 de junio de 2018

Los desajustes demográficos en España


1) Una España regionalmente desigual

Para una profunda y seria reflexión deberían ser los datos de los numerosos padrones municipales que, anualmente, nos arrojan luz clara y meridiana sobre la realidad municipal  de España, que no hacen sino confirmar una tendencia socio-económica clara que viene dándose en los últimos años (y décadas) en este país. 

Nuevamente el pasado año 2017, y siguiendo con la dinámica iniciada desde la época de la desindustrialización, y de las migraciones a la ciudad, las regiones que conforman Castilla, y de las zonas rurales del interior, siguen estando a la cabeza en la pérdida de población.

Así, las dos Castillas, la mayor parte de Aragón, y parte de la Galicia rural registran las mayores reducciones de población en términos absolutos, y relativos, registrando estas zonas la mayor parte de la España municipal con poblaciones de menos 500.000 personas y que, anualmente, van perdiendo población progresivamente, siendo cada vez más abandonadas.

Estos datos ya vienen dándose de una forma más o menos continuada en las últimas décadas pero, cada vez más agravada a medida que se produce la industrialización moderna, el auge del capital industrial y financiero y en los últimos años agravado por el estallido de la crisis económica, que ha venido de la mano del aumento del paro.

Tampoco parece que mejoren los datos en lo relativo al despoblamiento interior que, nuevamente, afectan a Castilla por encima del resto del estado, ya que las comunidades con mayor número de municipios con menos de 80.000 habitantes son, principalmente, Castilla y León, y parcialmente el norte de Castilla - La Mancha, y gran parte del Aragón rural.

Sin embargo, si atendemos a los datos proporcionados por el Ministerio de Hacienda en el Proyecto de los Presupuestos Generales del último gobierno Rajoy para el 2018 en lo relativo a las inversiones  en las diferentes comunidades autónomas del estado español, resulta que son precisamente estas comunidades, como  Castila y León (1.002,14 millones de euros), Galicia (936,79 millones de euros), Castilla-La Mancha (589,4 millones de euros), , o Aragón (407,13 millones de euros), de las comunidades que más dinero reciben en inversión por parte del gobierno central. 

La única excepción aquí sería la de La Rioja (63 millones de euros) que está por debajo de la media de inversión y pierde población, siendo encuadrada dentro de la categoría de municipios más despoblados de España.

Por lo tanto, esta contradicción (las comunidades que más inversión reciben del estado, son las que más población pierden), ¿cómo se puede explicar? ¿Por qué motivo se produce esta contradicción económico-demográfica en parte del estado español?

La explicación a estos factores, nos la ofrece el economista Daniel Rodríguez Asensio, que ofrece algunos datos interesantes para el caso castellano-leonés, pero que, como veremos, es aplicable a las otras regiones españolas estancadas.

Al final, la crisis económica capitalista,  la mala inversión de los políticos en la creación del empleo,  y la perdida demográfica de la población migrante, parecen ser el origen y la causa de este desigual desarrollo y el desnivel demográfico que sufre actualmente el país.

Según Asensio, en comunidades como  Castilla y León, a nivel económico;

“Se observa una primacía del sector de las Administraciones Públicas e Industria, en detrimento de los servicios, construcción, y  sector primario. La comunidad ha sido incapaz de modernizar su economía a través de la migración de recursos (y, por tanto, puestos de trabajo de mayor productividad) hacia el sector terciario. Se ha quedado en unos niveles más propios de los años 80, momento en el cual las economías aún podían vivir de las rentas generadas en la revolución industrial.

En el caso de Castilla y León, la mayoría de esa industria tiene nombre de empresas automovilísticas (y subcontratas, claro está), que mantienen sus fábricas en la región por las sustanciosas subvenciones que reciben. Mientras, la comunidad aumenta su presión fiscal a ciudadanos, familias y PyMEs, penalizando su capacidad de crecimiento y generación de empleo”.

Este análisis es clave además si analizamos el caso específico de la despoblación en la región castellanoleonesa, habida cuenta de que, precisamente, las zonas más degradadas demográficamente corresponden a las menos industrializadas, como Zamora, Palencia, Ávila o Soria, mientras que las más industrializadas históricamente, como Valladolid, Burgos o León, se encuentran en una situación algo mejor.

Además, y a  diferencia de los años más duros de la crisis, donde se produjo una caída de la población inmigrante, la leve recuperación económica que experimenta este país desde el año 2016 ha invertido las tendencias en este sentido. 




Así, la población residente en España creció en 2016 por primera vez desde 2011 y se situó en 46.528.966 habitantes a 1 de enero de 2017, con un incremento de 88.867 personas. Aún con eso, la población migrante cae precisamente en estas zonas degradadas, como Castilla y León, Galicia, Castilla–La Mancha, Extremadura, Asturias, Aragón, Cantabria y La Rioja. 

Ello nos demuestra, entre otras cosas que, en contradicción con el discurso de determinadas organizaciones, la pérdida de población inmigrante en determinadas comunidades en crisis demográfica del estado español, motivado por la crisis y la caída del trabajo, ha supuesto y está, de hecho, suponiendo un varapalo importante para la demografía y la economía social de las regiones y comunidades españolas más deprimidas socio-económicamente hablando, lo cual evidencia hasta qué punto la estabilidad de la población inmigrante en España es un aspecto necesario, y positivo para nuestro equilibrio socio-económico, además de cultural, por el enriquecimiento que ello supone. 

Sin duda, y a tenor de las estadísticas del INE, en los últimos años de la presente década del siglo XXI, sin duda, la crisis económica ha generado un impacto negativo también en la población inmigrante en España que parece que, por primera vez en muchos años, empieza a invertirse progresivamente. 

Similares estadísticas negativas en la caída demográfica se pueden adjudicar a comunidades como Aragón que, ya para el año 2014, según el Heraldo de Aragón, achacaba la drástica disminución de su población a la salida masiva de extranjeros (se presupone que por motivo de la crisis económica), con más de 9.000 de ellos que se marcharon de la Comunidad a lo largo del citado año, golpeando, por tanto, de una forma muy negativa a esta comunidad autónoma. 

También, otra de las afectadas en esta tabla demográfica actual de España, como es Castilla-La Mancha, se ve afectada en su reducción demográfica por la mala gestión económica endémica de los poderes económicos en una región que no ha sabido industrializarse adecuadamente, a pesar de, como vimos, el aumento de subvenciones estatales a la comunidad autónoma, que evidencia que la crisis y el no aprovechamiento efectivo de los recursos estatales, siguen haciendo una mella importante en la economía y la sociedad regional. 

En este sentido, es muy contundente la interpretación de El Diario de Castilla-La Mancha, que achaca a esta región castellana una crisis demográfica orientada a la reducción de la fecundidad y natalidad por razones económicas, afirmando que ésta bajada demográfica (fundamentada en el aumento de migrantes manchegos a otras regiones, y a la ausencia de inmigrantes nacionales o internacionales a la región) hay que vincularla con la situación de crisis económica y el alto nivel del desempleo en la región. 

Así, claramente el agravamiento de la crisis y del desempleo no solo son causa para la merma demográfica local, sino que, según afirma el diario, podría, de no corregirse, arrojar a medio y largo plazo resultados aún más negativos para Castilla-La Mancha. 

¿Cómo pueden las autoridades políticas y económicas de esta región justificar que, a pesar del cada vez mayor aumento de la inversión local en la región para mitigar la crisis, sin embargo, el desempleo siga por las nubes y que la economía siga estancada por la incapacidad, como ocurre con sus vecinos castellanos del norte, de fomentar un desarrollo económico regional estable? 

2) Las raíces de la desigualdad regional 

Los datos son muy claros, y no solamente para este año, o para estos últimos años de la crisis o de la supuesta salida cercana de ésta. 

El panorama de desigualdad inter-regional en el estado español, la desigualdad en el desarrollo económico y la crisis permanente que viven algunas regiones del estado español son elementos endémicos, que vienen de muy lejos, de la época, del momento y del modo en que se desarrolló el capitalismo industrial y financiero en este país durante la época franquista, que creó las condiciones para fomentar auténticos páramos y desiertos económico-demográficos en grandes regiones del país, a costa del desarrollo acelerado de otras, para cumplir con las normas que imponía el bloque capitalista occidental en la guerra fría. 

Esta supuesta industrialización y modernización de las regiones españolas que debía haberse llevado a cabo durante los escasos 8 años de la república y los 40 del franquismo no se llegó a materializar más que en una leve industrialización de determinadas zonas rurales a costa del despoblamiento de amplísimas capas de la sociedad española.  España ha quedado degradada precisamente en su esencia que es la España municipal y rural.

El desarrollo desigual de las diferentes regiones del estado español es algo que ya venía dándose desde finales del siglo XIX, con el inicio de una industrialización sistemática en los grandes focos industriales del norte (País Vasco) y del Noreste (Cataluña), a costa de un infra-desarrollo y de un fuerte abandono económico de gran parte del centro (Castilla), Oeste (Extremadura) y Sur (Andalucía) peninsular. 

La época republicana apenas tuvo tiempo para iniciar un desarrollo industrial y agrario (I.R.A.) equitativo para todo el estado español, que introdujera mejoras y avances más democráticos económicamente. Con el establecimiento del franquismo es cuando se introduce una industrialización y desarrollo económico y demográfico desigual en el país.

Es, fundamentalmente, a partir de los años 60 con los Planes de Estabilización y Desarrollo del régimen franquista cuando, para intentar distribuir la industria por el territorio, se crearon los Polos de Desarrollo, cuya localización no tuvo en cuenta motivos económicos y sí políticos, y que lo único que contribuyó fue a crear una completa desigualdad entre regiones más desarrolladas y concentradas industrialmente (Madrid, litoral valenciano, País Vasco…) frente a otras que empezaron a quedarse rezagadas (Galicia, Castilla, Aragón, Asturias, zonas rurales y del interior en general…) y que luego recibieron definitivamente el golpe de gracia con el gobierno socialista en los años 80 a través de las deslocalizaciones industriales. 

Fruto de esta progresiva desigualdad entre zonas rurales y urbanas, entre polos desarrollados capitalista industrializados y zonas infra desarrolladas, surgieron fenómenos socio-demográficos peculiar en nuestro país, como es el caso de la llamada “Serranía Celtibérica”, la llamada “Laponia del Sur”.



Se trata de una superficie muerta y casi despoblada del interior español de algo más de 60.000 km² donde se concentran poco más de 500.000 habitantes, y se hallan más de 1200 municipios repartidos entre las provincias de Teruel, Zaragoza, Cuenca, Guadalajara, Burgos, Segovia, Soria, una pequeña franja en Castellón y Valencia, y La Rioja, correspondientes a las Comunidades Autónomas de Aragón, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Valencia y La Rioja, que casualmente coincide con las zonas endémicas de caída demográfica que, año tras año, y debido al atraso de décadas de infra-desarrollo en esta sub-región, no han conseguido, ni conseguirán, recuperarse socialmente. 

De todo este subdesarrollo rural, sin embargo, el gran campeón fue definitivamente la especulación inmobiliaria, que fue la gran ganadora de todo este proceso de mal desarrollo, un problema que padecemos hoy y que, como afirma el economista Vicenc Navarro, tiene su origen en el franquismo, donde se origina la gran dependencia que la economía actual tiene del sector bancario-inmobiliario. 

Este sector juega un papel clave en la configuración del espacio económico del país, y ha generado, como hemos visto, que en la actualidad, las regiones económicamente más desfavorecidas se vean afectadas por este modelo de desarrollo económico, que lo ha apostado todo a un determinado modelo de crecimiento económico especulativo, y que no ha puesto las bases, a pesar de las inversiones estatales, de un desarrollo más sostenible de la economía local. 

En las zonas rurales del interior peninsular, la actual situación de distribución de las tierras y concentraciones en pocas manos, despoblamiento y crisis económico-social, también tiene su origen en esta época. 

El crecimiento de la producción industrial no fue acompañado del crecimiento de la producción agraria durante los primeros años del franquismo, a finales de los años 40 e inicios de los 50, una tarea pendiente e inacabada. 

Por ello se elaboraron los proyectos de la Ley de Concentración Parcelaria y la Ley de la Fincas Manifiestamente Mejorables entre 1952 y 1954, las cuales liquidan los pocos minifundios y tierras que quedaban en diversas manos y fomentaron la tremenda concentración parcelaria de grandes latifundios en manos de unos pocos terratenientes que pervive actualmente. 

Sin embargo, estas leyes franquistas favorables al monopolio de los terratenientes, no tuvieron, como era de prever y aun hoy seguimos arrastrando, el éxito que el Ministro de Agricultura Rafael Cavestany preveía, debido a que los problemas que se derivaron de la inadecuada distribución de tierras se vieron agravados por el régimen de explotación, ya que las tierras sufrían el abandono de sus propietarios. 

Todo este subdesarrollo rural y del interior generó ya, a partir de los años 50 y 60 una importante migración interna, un gran éxodo rural del campo a la ciudad, donde las zonas menos desarrolladas y abandonadas a nivel económico e institucional fueron quedando, hasta nuestros días, progresivamente abandonadas a favor de los grandes polos de desarrollo urbano del centro, norte y este peninsular. 

La lectura que se puede hacer, a nivel sociológico y político de todos estos años de desarrollismo económico del estado español es que, una vez más, este desarrollo se está haciendo de una forma desigual, y a costa del despoblamiento de enormes regiones históricas del estado, que siguen sirviendo como mano de obra a las regiones más económicamente desarrolladas y avanzadas del estado, dejando a otras (la mayor parte de la Castilla histórica, Aragón, parte de Galicia…) abandonadas y desatendidas por las autoridades locales, autonómicas y estatales. 

Muy al contrario, si esas inversiones no se aplican en un verdadero desarrollo económico regional, que fomente la creación de empleo, y el desarrollo de la economía, y no de determinados sectores especulativos o politizados (administraciones locales), veremos que el despoblamiento, el empobrecimiento y el desarrollo desigual de la economía y de la sociedad española, se irán agravando cada vez más con el paso de los años, generando un estado español a diferentes ritmos cada vez más marcado. 

No va a ser posible que unas pocas regiones híper-desarrolladas, con concertación de capitales y población (Madrid, País Vasco, Cataluña...) sostengan y tiren del resto de las regiones del estado, que están siendo abandonadas, y debido a ello, despobladas a la fuerza debido a la inacción de los dirigentes políticos. 

Si no se hace un plan de choque para re-generar el trabajo y la economía en las zonas rurales y del interior, sin duda se corre el riesgo de generar grandes regiones de despoblamiento y deprimidas económicamente en una gran parte importante del estado, como ya se manifiesta en el caso de la mencionada Serranía Celtibérica lo cual, desde luego, no afecta solo a esas regiones, sino a todo el estado español. 

No puede ser tolerable ni aceptable que la zona natural y tradicional de convivencia, socialización y actuación político-económica del individuo, que es el municipio, la región y la comarca, queden totalmente arrasadas, abandonadas y desabastecidas.

Fíjense en como, por ejemplo, afecta la existencia de diversos estados económicamente desiguales al desarrollo económico de la Unión Europea a nivel macro, y adaptémoslo al caso español y a sus desigualdades internas en el mismo sentido. 

Si no vemos viable una Europa a diferentes niveles, mucho menos puede ser sostenible a largo plazo un estado español con unas desigualdades tan marcadas.

Fuentes;

http://www.ine.es/welcome.shtml

http://www.rtve.es/noticias/20180403/aumento-del-32-inversion-mejora-del-cupo-hacen-del-pais-vasco-comunidad-mas-beneficiada-presupuestos/1708180.shtml

http://www.celtiberica.es/

martes, 29 de mayo de 2018

Las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena


Dos interesantes revistas y artículos que analizan en profundidad el desconocido proceso y fenómeno de la colonización de Sierra Morena y Andalucía a partir de 1767 durante el reinado de Carlos III, de cuyo inicio se han cumplido el 250 aniversario, como un hito que trató  de transformar las estructuras del Antiguo Régimen y cuya audacia le valió al intendente Olavide un proceso inquisitorial y una excomunión.  

Y es que la repoblación de estos lugares con centroeuropeos, no fue una más: en ella se llevó a la práctica el pensamiento económico ilustrado y se pretendió la tan ansiada reforma agraria en Andalucía.