martes, 14 de abril de 2026

Prevención de la islamofobia y la radicalización violenta en jóvenes

 



1) Análisis de la realidad

 

Los atentados terroristas islamistas del 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos y, especialmente para nuestro país, los del 11 de marzo de 2004 en Madrid, con un saldo de casi 200 muertos, abrieron una importante brecha en el sentimiento de seguridad y convivencia en los países occidentales.

 Hasta ese momento, el fenómeno del terrorismo y de la radicalización violenta se reducía, y no era poco, a los "enemigos internos" en cada país (ETA, IRA, Brigadas Rojas, red Gladio...)

 Sin embargo, los atentados islamistas, las guerras que aún inestabilizan Oriente Medio y la migración de gentes de esos países huyendo de la guerra, sumado al surgimiento de fenómenos como Al Qaeda o más reciente el ISIS y los lobos solitarios, han generado un sentimiento de hostilidad de doble vía; parte de la población nativa española, alentada por medios y discursos políticos, ha caído en un proceso de radicalización islamófoba que se traduce, como veremos, en una franca y abierta hostilidad hacia esta comunidad, que va del rechazo al atentado. 

 Por otro lado, la vulnerabilidad de la población inmigrante por su precariedad vital y laboral, sumado al estigma del terrorismo, han podido generar movimientos de radicalización que se han visto especialmente en el caso de la guerra del ISIS, con jóvenes musulmanes nacidos en países occidentales de segunda generación, que marcharon a Oriente Medio a luchar, radicalizados en redes y comunidades locales. 

 Es precisamente esta doble vía de radicalización, nativa e inmigrante, la que se pretende abordar, especialmente entre los jóvenes.

Los problemas de convivencia, hasta entonces puntuales, pasan a magnificarse, creando problemas de radicalización y convivencia que no se corresponden ni con la realidad demográfica objetiva ni con la argumentación usada por unos y otros (invasión musulmana vs guerra santa contra occidente) que, sin embargo, resulta atractiva para jóvenes, en muchos casos, vulnerables y con pocas expectativas.

 En ambos casos, y especialmente en los jóvenes vulnerables de comunidades migrantes, podemos encontrar un "modelo de significación", es decir, el deseo de significar, ser alguien o parte de algo, en gran medida debido a la situación traumática de sus familias (abandono de sus países de origen en primera o segunda generación, pobreza, aislamiento y marginación social, viviendas precarias, inestabilidad laboral y percepción del rechazo social) que puede ser contrarrestada con una causa ideológica radical, especialmente accesible en redes sociales o en el entorno religioso local de sus comunidades.

También encontraríamos un modelo de identidad social, donde el sentimiento de pertenencia a una raza o grupo, en este caso el islámico atacado por occidente, refuerza la percepción de comunidad, fortaleza y seguridad individual y colectiva.

 Como afirma Mark Juergensmeyer en su libro “Terrorismo religioso”;

 “Esas guerras transmiten una sensación de importancia y de finalidad a hombres que encuentran el mundo moderno sofocante, caótico y descontrolado… las guerras imaginarias identifican al enemigo, la fuente de sus fracasos personales y políticos, les dan una sensación de su propio potencial para el poder.

 La juventud de la mayoría de los miembros de los movimientos les convierten en socialmente marginales…especialmente acusada en sociedades tradicionales construidas en torno a las unidades familiares….y los movimientos religiosos proporcionan un hogar y un amplio parentesco”. 


En España, y especialmente en Madrid, la presencia musulmana ha sido magnificada para intentar causar una sensación de temor vinculada al terrorismo, pero los datos dicen otra cosa. 

 En el artículo online “Los musulmanes en España superan los 2,4 millones”, escrito por Noemí A. el 1 febrero de 2024 en el diario digital “Moncloa”, se afirma que; 

 “Un total de 2.412.344 musulmanes viven en España, un 2,7% más (63.056 más) que el año anterior, según el Estudio demográfico de la población musulmana, elaborado por la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE) y por el Observatorio Andalusí, y que recoge datos hasta el 31 de diciembre de 2023. Del total de ciudadanos musulmanes residentes en España, 1,3 millones son extranjeros (55%) y algo más de un millón, españoles (45%). De los extranjeros, la mayoría son originarios de Marruecos (879.943), Pakistán (100.496) y Senegal (83.260)”. 

 Concreta el artículo; 

 “Por comunidades autónomas, el mayor número de musulmanes se concentra en Cataluña (660.392), seguida de Andalucía (395.913), Madrid (320.019), Comunidad Valenciana (256.819) y Murcia (140.924). Mientras, las comunidades con menos población musulmana son Cantabria (6.580) y Asturias (9.771)”. 

 Habida cuenta que, según la Estadística Continua de Población del I.N.E. del 1 de enero de 2026, “la población de España se situó en 49.570.725 habitantes” y que, según la Junta de Gobierno de la ciudad de Madrid en su revisión anual del Padrón Municipal del 1 de enero de 2025, “la capital incrementó su población, situándose en 3.527.924”, no parece que las cifras de población musulmana supongan el sobredimensionado problema de integración que en muchas plataformas se anuncia. 

 Los datos, no obstante, tampoco engañan en lo relativo a, precisamente, los serios problemas de prejuicios que conducen a la radicalización.

 El 24 de noviembre de 2020, el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones publicaba la “Encuesta sobre intolerancia y discriminación hacia las personas musulmanas elaborada por Rosa Aparicio Gómez, investigadora de la Fundación José Ortega y Gasset-Gregorio Marañón”.

 Los resultados son clarificadores.

 En el estudio, a la pregunta “Opinión sobre los sentimientos favorables o desfavorables que se tienen en España hacia algunos colectivos”, los encuestados en Madrid daban una nota de 2,5 sobre 6 en relación a los musulmanes, la segunda más baja junto a los gitanos-romaní.

 A la pregunta “Opinión sobre la medida en que se discrimina a algunos colectivos en España”, los encuestados en Madrid daban una nota de 4 sobre 6 en relación a los musulmanes, siendo el colectivo más discriminado a juicio de los encuestados.

 A la pregunta pregunta “Opinión de los encuestados de la medida en que existe islamofobia en España”, los encuestados en Madrid daban un 79% entre mucha y bastante. 

 También es llamativo, para nuestro análisis, el papel que juegan aquellos que, según la opinión pública, incendian estos discursos. 

A las preguntas “¿Qué o quiénes cree que han contribuido al aumento de la islamofobia?”, “¿Cuál de los agentes o situaciones piensa que ha contribuido más al aumento de la islamofobia?” y “Opinión sobre las principales razones por las que en España se rechaza, discrimina y, en su caso, se manifiesta hostilidad o se ejerce violencia contra las personas musulmanas”, resulta esclarecedor que los madrileños consideren; un 71% y un 52% en la primera a medios de comunicación y redes sociales, un 38 % (la más alta) en la segunda a los medios de comunicación, y un 84% (la más alta) en la tercera a la imagen negativa del Islam y de los musulmanes que propagan los medios de comunicación y las redes sociales. 

 En conclusión, para la autora del estudio “es claro que para los encuestados existen en España prejuicios hacia los musulmanes que los sitúa entre los grupos que serían más rechazados y discriminados. 

Estos prejuicios y sentimientos habrían aumentado en los últimos tiempos, siendo los medios de comunicación y el discurso de los políticos los principales responsables de dicho aumento”. 

 No es extraño, por tanto, que a la luz de estos datos, exista un riesgo real de radicalización extremista y violenta por parte de la juventud española, especialmente en Madrid, en lo relacionado a la presencia de la comunidad musulmana, tanto por parte de los españoles nativos susceptibles por parte de los medios de comunicación y las redes sociales, de una creciente islamofobia que puede derivar en acciones extremistas, como por parte de los sectores más jóvenes y marginados de las poblaciones musulmanas locales que, sintiendo el odio y el rechazo social existente en nuestro país, sean presa fácil del lenguaje radical que en redes sociales grupos como ISIS les ofrecen para su lucha santa contra occidente.

 

 2) Objetivos

 En mi opinión, el problema del riesgo de radicalización violenta entre los jóvenes españoles en lo relativo a este tema existe y es alto.

 Como señalan las encuestas y los análisis existentes, el riesgo es especialmente alto en el medio online donde más sociabilizan los jóvenes actualmente, y por ello, urge tomar en serio esta problemática y lanzar una serie de medidas para frenar y contrarrestar este creciente polarización.

 Entre los objetivos de este proyecto estarían;

 

-Reducir la brecha de odio existente en lo relativo a la islamofobia.

 -Contrarrestar las narrativas de odio existentes, especialmente en los medios de comunicación y las redes sociales.

 -Fomentar un espíritu crítico, reflexivo y tolerante entre los jóvenes.

 -Fomentar un mayor acercamiento y conocimiento de la realidad multicultural de nuestro país.

 -Fomentar el respeto a las instituciones democráticas como método y vía para la resolución de problemas.

 -Fomentar el respeto a los derechos humanos.

 -Ahondar en el mundo de las redes sociales y online, como lenguaje actualmente usado mayoritariamente por los jóvenes españoles. 

 -Crear en ellos canales, vías y medios de comunicación y conocimiento entre las diferentes culturas.

 

 3) Actividades.

 Para poder enfrentar esta múltiple problemática, se ha pensado en una serie de medidas y actividades que podrían ayudar a contrarrestar estos problemas y riesgos de radicalización entre la población joven en medios online.

 -Se podrían crear ejemplos online para los jóvenes de la integración de sus colectivos. 

Existe una imagen paradigmática entre los colectivos más marginalizados, especialmente los musulmanes, sobre su carácter ajeno a la cultura, historia y realidad española.

 En este sentido, podría ser interesante fomentar, desde los centros educativos y con participación del alumnado, la búsqueda online y exposición en lugares públicos, como centros sociales de las ciudades, de datos sobre la presencia milenaria del colectivo musulmán en España desde el año 711 hasta nuestros días.

 Los logros y aportaciones en cultura, arte, ciencias y la configuración inevitable de la presencia musulmana en la creación de la historia y de la identidad nacional española.

 -Crear canales para comunicar, a través de grupos de wassap y telegram, a jóvenes de diferentes culturas en las grandes ciudades, con un motor de búsqueda, para hacer actividades lúdicas positivas y de integración. 

 Es un hecho claro que, a pesar de la aportación positiva de la teoría, es al final la convivencia en el día a día, fuera de los centros de sociabilización obligatoria (centros educativos) donde se forja la verdadera convivencia de los jóvenes. 

 Por ello, usar las redes sociales para facilitar el encuentro y conocimiento de jóvenes de diferentes culturas ayudaría a frenar la radicalización, destruir narrativas excluyentes y fomentar un mejor conocimiento y aceptación social. 

 

-Crear vídeos y propaganda de integración con un lenguaje joven y ameno e inundar las redes a favor de la integración. 

El gran método usado por los radicales y extremistas, tanto partidos y organización xenófobas españolas como organizaciones radicales islamistas, es sin duda alguna Youtube.

Se considera que es la principal y más importante vía de radicalización de la población joven. Muchos jóvenes no están interesados en leer gran cantidad de información teórica y para ellos, los vídeos atractivos acompañados de imágenes impactantes son mucho más eficaces que el mejor de los textos.

 Por ello, y para contrarrestar esta narrativa radical, se debería aprovechar el potencial difusor de este canal en la elaboración, igualmente, de vídeos que fomenten la aceptación, integración y cooperación intercultural y combatan el mensaje radical.

 

-En los colegios, institutos y centros sociales frecuentados por jóvenes, publicitar estas herramientas para que los jóvenes las conozcan.

 Para la mayor parte de los jóvenes españoles, tanto nativos como inmigrantes, los centros escolares son lugares de obligada asistencia durante la mayor parte del día y durante gran parte de su infancia, adolescencia y juventud. 

 Por ello, estos centros deberían comprometerse a la hora, no solo de apoyar, si no de difundir e incluso crear sus propias herramientas de comunicación online, además de fomentar las ya existentes, para contrarrestar el odio. 

 

-Crear juegos online de inclusión. El mundo gamer, desconocido por la mayoría de los adultos, es, sin embargo, el principal refugio de la generación de jóvenes españoles nacidos en la presente década del siglo XXI. 

 No es solo donde se entretienen, sociabilizan y contactan con otros jóvenes de todo el mundo al instante. 

Es, además, un lugar en el que se reproduce un microcosmos de la realidad en la que viven. Por ello, es importante aprovechar este canal para idear y crear juegos online y videojuegos que fomenten un mensaje de tolerancia, respeto y convivencia, alejados del odio, y que frenen el extremismo. 

 Ejemplos de ello ya existentes serían Radical Game (https://www.radicalgame.eu/es/creacion-de-cartas/#GameGuide), o los videojuegos del programa Peer to Peer. 

 

-Centrarse en incluir mensajes a favor de la integración en lugares online frecuentados por jóvenes, como TikTok, Instagram, Telegram, YouTube, podcast, gamers… donde los influencers se impliquen. 

 Como ya hemos dicho, estos canales suponen el medio de comunicación, sociabilización, ocio y entretenimiento mayoritario de los jóvenes españoles del siglo XXI. 

Es por ello necesario crear campañas de concienciación y rechazo al odio y a la radicalización. Además, para muchos jóvenes, los futbolistas e influencers son un ejemplo a seguir en el mundo online y en sus vidas cotidianas. 

 Por ello, aprovechar el tirón mediático de estas personas para que colaboren y fomenten lenguajes positivos de tolerancia e integración multicultural, sería una herramienta muy potente.

 

-Creación de páginas webs, que podrían ser difundidas por centros escolares, medios comunitarios e influencers en la red, con contenido teórico-práctico a favor de la integración y la tolerancia como métodos de interactuación.

 Ejemplos de ellos serían la página web impulsada por el Movimiento contra la Intolerancia “Educatolerancia” (https://www.educatolerancia.com/quienes-somos/) que combina teoría y juegos online, o los programas exitosos como Radicalisation Awareness Network (RAN).

 

 4) En resumen y conclusión.

 Vistos los datos, en España, y en Madrid especialmente, hay potenciales riesgos de radicalización violenta entre los colectivos jóvenes.

 Si bien Madrid no es la comunidad con más población musulmana (Cataluña encabeza la lista, con lo que ello conlleva de tensiones violentas), ello no reduce o excluye el peligro real por parte de entidades islamófobas e islamistas de aprovechar el caldo de cultivo de tensión permanente para fomentar actitudes de radicalización entre los jóvenes.

 Por un lado, organizaciones y partidos políticos de orientación islamófoba fomentan un clima de intolerancia, radicalización y odio que ya se saldó, por ejemplo, con el ataque por parte del colectivo Hogar Social Madrid (HSM), a la Mezquita de la M-30 en marzo de 2016.

 Por otro lado, según datos de la Agencia EFE, ya a mediados del año 2025, se habían detenido a 95 personas “por su supuesta relación con el terrorismo yihadista”.

 El riesgo, aunque no es alarmante como el enfrentamiento bélico abierto que se vive en comunidades del próximo oriente, existe. 

 En ambos casos, los radicales se sirven de los jóvenes, especialmente a través de los canales online que más frecuentan, para captar nuevos adeptos a su causa, y creemos que toda una batería de medidas y actividades, tanto lúdicas como educativas más arriba indicadas, al margen de la necesaria acción policial por otros canales y vías, es necesario para reducir el riesgo de radicalización.

 

 Fuentes.

 -Mark Juergensmeyer. “Terrorismo religioso”.

-Diario digital “Moncloa”.

-Estadística Continua de Población del I.N.E.

 -Junta de Gobierno de la ciudad de Madrid en su revisión anual del Padrón Municipal.

 -Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.

-Radical Game (https://www.radicalgame.eu/es/creacion-de-cartas/#GameGuide).

-Movimiento contra la Intolerancia. “Educatolerancia” (https://www.educatolerancia.com/quienes-somos/) 

-Agencia EFE.

-Prevención, detección y atención de la radicalización violenta. Instituto de Formación en Intervención Social.

viernes, 8 de agosto de 2025

Política y Sagradas Escrituras; la monarquía.

 


"Aconteció que habiendo Samuel envejecido, puso a sus hijos por jueces sobre Israel. 

Y el nombre de su hijo primogénito fue Joel, y el nombre del segundo, Abías; y eran jueces en Beerseba. Pero no anduvieron los hijos por los caminos de su padre, antes se volvieron tras la avaricia, dejándose sobornar y pervirtiendo el derecho.

Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a Ramá para ver a Samuel, y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones.

Pero no agradó a Samuel esta palabra que dijeron: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová. 

Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos. 

Conforme a todas las obras que han hecho desde el día que los saqué de Egipto hasta hoy, dejándome a mí y sirviendo a dioses ajenos, así hacen también contigo.

Ahora, pues, oye su voz; mas protesta solemnemente contra ellos, y muéstrales cómo les tratará el rey que reinará sobre ellos. 

Y refirió Samuel todas las palabras de Jehová al pueblo que le había pedido rey.  

Dijo, pues: Así hará el rey que reinará sobre vosotros: tomará vuestros hijos, y los pondrá en sus carros y en su gente de a caballo, para que corran delante de su carro;  y nombrará para sí jefes de miles y jefes de cincuentenas; los pondrá asimismo a que aren sus campos y sieguen sus mieses, y a que hagan sus armas de guerra y los pertrechos de sus carros.  

Tomará también a vuestras hijas para que sean perfumadoras, cocineras y amasadoras.

Asimismo tomará lo mejor de vuestras tierras, de vuestras viñas y de vuestros olivares, y los dará a sus siervos. 

Diezmará vuestro grano y vuestras viñas, para dar a sus oficiales y a sus siervos. 

Tomará vuestros siervos y vuestras siervas, vuestros mejores jóvenes, y vuestros asnos, y con ellos hará sus obras. Diezmará también vuestros rebaños, y seréis sus siervos.

Y clamaréis aquel día a causa de vuestro rey que os habréis elegido, mas Jehová no os responderá en aquel día.

Pero el pueblo no quiso oír la voz de Samuel, y dijo: No, sino que habrá rey sobre nosotros; y nosotros seremos también como todas las naciones, y nuestro rey nos gobernará, y saldrá delante de nosotros, y hará nuestras guerras.

Y oyó Samuel todas las palabras del pueblo, y las refirió en oídos de Jehová.

Y Jehová dijo a Samuel: Oye su voz, y pon rey sobre ellos. Entonces dijo Samuel a los varones de Israel: Idos cada uno a vuestra ciudad".

1 Samuel 8:1-22.


 

"Asimismo se alegró mucho el rey David, y bendijo a Jehová delante de toda la congregación; y dijo David: Bendito seas tú, oh Jehová, Dios de Israel nuestro padre, desde el siglo y hasta el siglo.

Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. 

Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos. 

Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano está la fuerza y el poder, y en tu mano el hacer grande y el dar poder a todos".

1 Crónicas 29:10-12.

 


"Te aconsejo que guardes el mandamiento del rey y la palabra del juramento de Dios.

No te apresures a irte de su presencia, ni en cosa mala persistas; porque él hará todo lo que quiere. 

Pues la palabra del rey es con potestad, ¿y quién le dirá: Qué haces? 

El que guarda el mandamiento no experimentará mal; y el corazón del sabio discierne el tiempo y el juicio".

 Eclesiastés 8:2-6.



"Un gobernante sabio instruye a su pueblo; el gobierno del prudente es ordenado.

Según el gobernante, así son sus ministros; según el jefe de la ciudad, así son sus habitantes.

Un rey licencioso arruina a una ciudad; si los gobernantes son sensatos, la ciudad crece.

En manos de Dios está el gobierno del mundo; a su tiempo le da el jefe que le hace falta".

Eclesiástico 10: 1-4.



"Escuchen, reyes, y entiendan; aprendan, gobernantes de todo el mundo; pongan atención, ustedes que dominan multitudes y presumen de gobernar a muchos pueblos.

El Señor, Dios altísimo, les ha dado poder y autoridad; él examinará las obras de ustedes e investigará sus intenciones".

Sabiduría 6:1-3.

jueves, 29 de mayo de 2025

El carlismo y las colonias

 



"No hay peor sordo, que el que no quiere oir, ni peor ciego que el que no quiere ver.

Precisamente, así le sucede a los liberales, y revolucionarios de todo pelaje con el carlismo. 

La historia prueba que la conducta de la gran Comunión tradicionalista para con nuestras colonias, no ha podido ser en todas épocas más desinteresada y patriótica y, sin embargo, ningún liberal lo reconoce y mucho menos lo aplaude. 

Por el contrario, los partidos liberales, lo mismo los radicales que los conservadores, en todas épocas también, han puesto en práctica su famoso aforismo; sálvense los principios y perezcan las colonias, desastre que al fin hemos tenido la desgracia de presenciar en nuestros días, por obra y gracia del liberalismo y del régimen imperante.

Definitivamente y para siempre, hemos perdido los restos gloriosos de nuestro incomparable imperio colonial, a saber:  Cuba, Puerto Rico y los archipiélagos filipino y de Joló, aproximadamente unos diez millones y medio de súbditos y cuatrocientos veintitantos mil kilómetros cuadrados, desastre sin ejemplo en los anales de España.

Entre los liberales españoles y la masonería siempre ha existido y existe verdadera confraternidad.

A la vista tenemos la corroboración reciente de esto mismo. ¿Quién no recuerda que el Katipunán masónico filipino, por confesión del mismo general Blanco, durante cuyo mando estalló la insurrección en el Archipiélago, fue quien organizó la rebelión contra la metrópoli y es quien, entendiéndose con los masones de la península y con los yanquis, ha despojado a España de nuestra más rica colonia?

¿No sabe todo el mundo que el actual "Gran Maestro" de la masonería española, Sr. Morayta, los masones Puga y Caballero y el periódico masónico "La Paz", estuvieron procesados como presuntos cómplices de la insurrección filipina?

Por el contrario, la conducta de la gran comunión carlista, ha sido siempre, es en la actualidad, y lo será mientras aliente, eminentemente desinteresada, y patriótica.

Jamás ha puesto el menor obstáculo a los gobiernos liberales, constituídos para que sofocasen las insurrecciones de nuestras colonias, en muchos casos sus nombres se han ofrecido a los gobiernos de Madrid, para organizar guerrillas o batallones o combatir individualmente en defensa de la integridad del territorio y del honor de la gloriosa bandera española. 

Durante la primera guerra civil, Carlos V rechazó indignado las proposiciones de Holanda, que le ofrecía abundantes recursos para continuar y, quizá, concluir victoriosamente la lucha, a cambio de concesiones territoriales en Filipinas, y los documentos que lo acreditan pueden leerse en  la "Historia de Pirala". 

Durante la guerra civil última, Don Carlos propuso a su primo, Don Alfonso, una tregua patriótica, ofreciéndole su ejército para acabar con la insurrección cubana y, pelear si hubiera sido necesario, contra los felones Estados Unidos, y también corre impresa la carta con que se hizo este patriótico ofrecimiento, y por último, durante las azarosas circunstancias que venimos atravesando, y que han dado al traste con nuestro imperio colonial, con nuestras glorias tradicionales, el partido carlista se ha concentrado en su recogimiento patriótico, para que ni directa ni indirectamente, se le culpase nunca de los desastres que veía cernerse sobre España, y para contrarrestar los cuales se sentía sin fuerzas materiales, aunque con sobrados alientos morales. 

Compárese, pues, conducta con conducta, y diga el lector imparcial y sensato, quiénes son los verdaderos españoles, los hijos más amantes de su madre patria, si los liberales o los carlistas".

"El carlismo y las colonias". Eseverri, en El Correo Español, 10/12/1898.



"A mi primo Alfonso:

La actitud del Presidente de la República de los Estados Unidos, puede estimarse como preludio de una guerra si no reconoces la independencia de Cuba.

De que España haya llegado a tal ignominia, responde la Revolución que representas, sin ella no hubiera nacido esa rebelión parricida.

Reinando yo, jamás alcanzará fuerzas, que el legítimo derecho del que manda es el único que puede reformar sin imposiciones, ceder sin mengua, refrenar sin ira, gobernar sin pasión.

Pero se trata de la integridad de la Patria, y todos sus hijos deben defenderla. Que cuando la Patria peligra, desaparecen los partidos políticos. Solo quedan españoles.

Si la guerra llega a estallar, te ofrezco una tregua por el tiempo que dure la lucha contra los Estados Unidos. 

Pero entiéndase bien que la única causa de la tregua que te propongo es la guerra extranjera, y que mantengo mis derechos a la Corona.

Más allá de los mares carezco de territorio que dominen mis armas, y no puedo mandar a Cuba a mis leales voluntarios, pero defenderé estas Provincias y el litoral cantábrico, armaré en corso a los indómitos hijos de estas costas, donde nacieron Elcano, Legazpi y Churruca...

Tu primo, Carlos".

Carlos VII: Escritos Políticos.

lunes, 26 de mayo de 2025

La nueva dinastía carlista


 




Texto de sucesión del liderazgo carlista de Don Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este a Don Javier de Borbón-Parma y , a su vez, de Don Javier de Borbón-Parma en su hijo y heredero Don Carlos Hugo.  

-El Requeté, 1 de marzo de 1939.

-Boletín IM. Información Mensual, 11/11/1975.

jueves, 15 de mayo de 2025

Autoridad, poder y propiedad

 



"Mandar y obedecer no sólo son cosas necesarias, sino también convenientes, y ya desde el nacimiento algunos están destinados a obedecer y otros a mandar. 

Y hay muchas formas de mandar y de obedecer, y siempre es mejor el mando sobre subordinados mejores: por ejemplo, mejor sobre un hombre que sobre una bestia, porque la obra llevada a cabo con mejores elementos es mejor. 

Dondequiera que uno manda y otro obedece, hay una obra común. 

En efecto, en todo lo que consta de varios elementos y llega a ser una unidad común, ya de elementos continuos o separados, aparecen siempre el dominante y el dominado, y eso ocurre en los seres animados en cuanto pertenecen al conjunto de la naturaleza".

"De todo esto es evidente que la ciudad es una de las cosas naturales, y que el hombre es por naturaleza un animal social, y que el insocial por naturaleza y no por azar es o un ser inferior o un ser superior al hombre. 

Como aquel a quien Homero vitupera: sin tribu, sin ley, sin hogar, porque el que es tal por naturaleza es también amante de la guerra, como una pieza aislada en el juego de damas".

"Pero ni aunque sea lo mejor esto: que la comunidad sea lo más unitaria posible, tampoco esto es evidentemente probado por el hecho de decir todos a la vez «mío» y «no mío».

Ésta es, según Sócrates la señal de que la ciudad es perfectamente unitaria.

La palabra «todos» tiene un doble sentido. Si se entiende en el de «cada uno», tal vez se estaría más cerca de lo que Sócrates quiere significar, pues cada uno llamará su hijo al mismo individuo, y su mujer a la misma; y sucedería de la misma manera con la hacienda y con cada una de las cosas. 

Pero, de hecho, no lo dirán en ese sentido los que tienen las mujeres y los hijos en común, sino que hablarán de «todos» y no de «cada uno en particular». 

E igualmente respecto de la hacienda: será de «todos», pero no de «cada uno» de ellos. Así pues, al decir «todos» está claro que hay un cierto equívoco. Los términos «todos», «ambos», «pares» e «impares», por su doble sentido, producen silogismos erísticos. 

Por eso, el que todos digan lo mismo está bien, pero no es posible y no conduce en absoluto a la concordia.

Además de eso, la propuesta tiene otro inconveniente: lo que es común a un número muy grande de personas obtiene mínimo cuidado. 

Pues todos se preocupan especialmente de las cosas propias, y menos de las comunes, o sólo en la medida en que atañe a cada uno. En cuanto a los demás, más bien se despreocupan, en la idea de que otro se ocupa de ello, como ocurre en los servicios domésticos: muchos criados sirven en ocasiones peor que un número menor. 

Cada ciudadano tendrá mil hijos, y a éstos no como propios de cada uno, sino que cualquiera es por igual hijo de cualquiera; así que todos se despreocupan igualmente.

Además, dirá «mío» a tal hijo, feliz o desgraciado, cada ciudadano, sea cual sea su número, refiriéndose de la misma manera a cada uno de los mil o cuantos tenga la ciudad: «mío» o «de Fulano»; y aún eso de manera insegura, pues no es claro a quién le aconteció nacerle un hijo o que siga vivo una vez nacido".


"Política".  Aristóteles

sábado, 10 de mayo de 2025

La naturaleza del carlismo

 


"El recuerdo de las guerras carlistas comienza ya a esfumarse.

Fácilmente se explica que los hombres ofrenden su vida en defensa de su patria, pero que luchen con encono, cuando la causa del batallar radica en que ocupe el trono la hija de Fernando VII o el hermano de éste, Carlos María Isidro, es cosa que solo se concibe pensando en que Isabel y Don Carlos se habían convertido en símbolos.

El tipo del carlista constituye un caso curioso, singular y digno del mayor respeto por las profundas raíces de su convencimiento, y la firmeza de su fe; una fe ciega, que no quebrantan las mayores y más definitivas derrotas, que hoy, como ayer, y como entonces permanece incólume, esperando a su verdadero Rey.

Vida, hacienda, afectos los más queridos, el carlista está siempre dispuesto a sacrificarlo por la causa. 

Es un fenómeno digno de notarse que en el campo de la política, donde los cambios de opinión y de actitud son cosa corriente, el carlista no cambia, es siempre el mismo, no va de un campo al contrario.

En la guerra civil, en el campo carlista hubo dos hombres representativos, Zumalacárregui y Cabrera. En el opuesto bando, solo uno; Espartero".

"Espartero. El general del pueblo". Conde de Romanones. 



"No son turbas famélicas, enamoradas de los bienes ajenos. 

Todo el mundo parece en tal ocasión tranquilo, grave, convencido de que está cumpliendo un deber. 

Por contrarios que seamos a la causa que defienden.  ¿Cabe desconocer que hay mucho en eso que merece respeto, y no poco de grande?

Sabed que esos enemigos vuestros son hombres de ideas también, gente que de veras y no de burlas, antepone su convicción, su fé religiosa, a todo material interés, y a todos los sentimientos mundanos. 

Vedlos ahí exponiéndolo todo por una idea, hasta sus privilegios históricos. 

Los habitantes de esos Pirineos, por más que os ofenda en general a todos, creen en la Madre de Dios, y en sus milagrosas intersecciones. 

Ni basta con despreciar como atrasadas y supersticiosas semejantes devociones: harto las han despreciado ya y en balde los incrédulos".

"Introducción al libro Los Vascongados, su país, su lengua y el príncipe L. L. Bonaparte de Miguel Rodríguez-Ferrer". Antonio Cánovas del Castillo.  

La tradición

 



"Pero desde mi juventud hasta hoy, hay algo que nunca pude comprender. Nunca he podido comprender de dónde es que la gente ha sacado la idea, de que la democracia se opone en cierta forma a la tradición.

Evidentemente, la tradición es sólo la democracia prolongada a través del tiempo. Es creer en un concierto de vulgares voces humanas, más que en un registro aislado y arbitrario de los hechos. 

El hombre que cita a un historiador alemán en su ataque a la tradición de la Iglesia Católica, apela estrictamente a la aristocracia.

Recurre a la superioridad de un experto para oponerla a la tremenda autoridad de una muchedumbre popular.

Es fácil ver por qué una leyenda es tratada, y debe ser tratada, con más respeto que un libro de historia.

La leyenda, generalmente la hace la mayoría de la gente sensata de un pueblo. El libro, generalmente está escrito por un sólo loco del pueblo. 

Aquellos que contra la tradición arguyen que los hombres de ayer eran ignorantes, pueden ir con sus argumentos al Club Carlton, manifestando que los votantes de los garitos son ignorantes. No nos hace nada.

Si cuando se trata de asuntos cotidianos, concedemos gran importancia a la opinión unánime del común de los hombres, no hay razón para que la menospreciemos cuando se trata de fábulas y de historia. 

La tradición podría definirse como una extensión de esa franquicia.

Tradición, significa dar votos a la más oscurecida de todas las clases: nuestros antecesores. Es la democracia de los muertos. 

La tradición rehúsa someterse a la pequeña y arrogante oligarquía de aquellos que casualmente, andan por ahí.

La democracia pone objeciones a los hombres por ser incapacitados por el accidente de su nacimiento; la tradición se las pone por ser incapacitados por el accidente de su muerte. 

La democracia nos aconseja no desoír la opinión de un hombre bueno; aunque sea nuestro mucamo. La tradición nos pide que no desoigamos la opinión de un hombre bueno; aunque sea nuestro padre. 

Yo por lo menos, no puedo separar las ideas de democracia y de tradición; me parece evidente que ambas son una misma idea.

Tendremos a los muertos en nuestros concilios. Los antiguos griegos votaban en piedras; éstos, votarán en lápidas. 

Todo es perfectamente oficial y correcto, puesto que muchas lápidas, como muchas papeletas de votar, están marcadas con una cruz.

Debo decir primero, qué si he tenido una inclinación, siempre fue una inclinación a favor de la democracia, y por consiguiente, de la tradición".


"Ortodoxia". G.K. Chesterton. 

jueves, 8 de mayo de 2025

Foralismo y antiforalismo

 



"Amante de la descentralización, hoy os digo pública y solemnemente:

Hace un siglo y medio, que mi ilustre Abuelo Felipe V creyó deber borrar vuestros fueros del libro de las Franquicias de la Patria.

Lo que él os quitó como Rey,  yo como Rey os lo devuelvo; que si fuisteis hostiles al fundador de mi dinastía, baluarte sois ahora de su legítimo descendiente.

Yo os devuelvo vuestros fueros, porque soy el mantenedor de todas las justicias.

Y España sabrá que en la bandera donde está escrito Dios, Patria y Rey, están escritas todas las legítimas libertades".

Carlos VII. Escritos políticos. 



"Si no se habían de dejar los fueros a las Provincias Vascongadas, no había más remedio que quitárselos. 

Y para quitárselos no había más que dos caminos; uno...quitar los fueros por medio de las armas en un momento dado, sin contemplaciones de ninguna especie,  y sin oir a aquellos habitantes. 

Otro, que consistía en llamar a aquellos habitantes, querer oírles y querer concertar con ellos todas aquellas medidas que hicieran más fácil el tránsito del uno al otro sistema. 

Pero no he encontrado ni uno solo de los representantes de aquellas provincias que quisieran entrar en un arreglo.  

¿Y qué ha sucedido?  Pues ha sucedido que el Gobierno tuvo que derogar todo el anterior régimen de los fueros".

Antonio Cánovas del Castillo. Sesión de las Cortes, 15-11-1881.

miércoles, 7 de mayo de 2025

La derrota del primer carlismo


 

Con la derrota parcial de las filas carlistas tras la firma del Convenio de Vergara en 1839 y la derrota definitiva y final de las tropas de Cabrera en 1840, el primer carlismo, dirigido por su primer pretendiente, Carlos V de Borbón, es momentáneamente derrotado.

Como toda guerra civil, y ésta lo fue, la primera guerra carlista o la guerra de los siete años, arrojó un saldo de vencedores y vencidos. Pero, a diferencia de lo que ocurrirá en el siguiente siglo XX, en este caso serán los liberales los vencedores, y sobre el tradicionalismo caerá la espada de la venganza y la derrota. La frontera francesa verá el paso de miles de exiliados ya durante el desarrollo de la guerra pero, especialmente, con la doble derrota en el frente norte y en el frente este, la definitiva.

En este caso, la historiografía española ha incidido menos que en anteriores y posteriores fugas y exilios masivos de españoles por la frontera francesa víctimas de la derrota, ya que en esas otras ocasiones, las víctimas fueron los liberales, o los republicanos. 

Con una etiqueta de causa  más justa, su derrota y exilio son recordados durante los siglos XIX y XX, pero se olvida, a menudo, cuando los que impusieron esa derrota fueron esos mismos liberales a otros españoles, en este caso, los tradicionalistas. 

Como vimos anteriormente, con el estallido de la guerra carlista tras la proclamación de Carlos V, el hermano del Rey Fernando en 1833, da inicio la guerra carlista. 

Si bien esta guerra se inicia de una forma ambigua para los contendientes e incluso en cierta manera favorable, con las victorias carlistas del general carlista Tomás de Zumalacárregui en el frente norte entre 1833-1835, el fracaso pero valiente y osado asedio carlista a la capital vasca de Bilbao,  los primeros grandes éxitos de los sublevados dirigidos por  el militar y guerrillero carlista Ramón Cabrera en la zona rural del  Maestrazgo, Aragón y Valencia, y las grandes ofensivas carlistas en forma de expedición de los años 1836 y 1837, cuando se inicia la llamada “época de las expediciones”, la de Gómez y la Real, se inician apenas dos años de repliegue progresivo hacia el norte, nuevamente, y el grueso del ejército carlista vuelve a quedar encerrado a sus primeros bastiones vasco-navarros y levantinos.

El resultado inevitable de ello fue una escalada de derrotas y deserciones, unido al factor de la emergente figura del militar liberal y gubernamental Baldomero Espartero, Príncipe de Vergara, verdadero azote militar de los carlistas que consigue; frenar el asedio carlista de Bilbao, frenar el avance de la Expedición Real a Madrid, ir, poco a poco conquistando y recuperando posiciones en el norte, conseguir, de manos del general carlista Rafael Maroto, la rendición definitiva del ejército carlista en el norte en el famoso  Abrazo de Vergara en 1839 con el consiguiente exilio del pretendiente Carlos V y el grueso de las tropas carlistas y, finalmente, la derrota total de las tropas carlistas de Ramón Cabrera en el levante en 1840.


1) La prensa; eco de la guerra

Junto a las memorias de los implicados y los estudios de historiadores e investigadores, la prensa de la época es el mejor reflejo de cómo se vio y se vivió la derrota del carlismo en 1839-1840, con las derrotas de Vergara y Cabrera y el triunfo final de las tropas de Espartero.

Ya al final de la guerra en el norte  y la casi finalización de ésta a excepción de las tropas de Cabrera, se refería en una Sesión Regia del Congreso de los Diputados la Reina Gobernadora, el domingo 1 de septiembre de 1839;

“La guerra se encuentra en el mejor estado. El enemigo, dividido entre sí, y reducido a sus naturales atrincheramientos, ha perdido una gran parte del territorio que por mucho tiempo había dominado, y del que sacaba en abundancia hombres y recursos.

Las bandas rebeldes que infestaban otras provincias no han prosperado o han sido exterminadas, renaciendo por lo tanto la tranquilidad y la confianza de los pueblos”.

Con igual contundencia sobre la derrota del “enemigo” carlista se refería la prensa. Así lo refleja el diario moderado-cristino El Correo Nacional que, en su edición del martes, 7 de julio de 1840, afirmaba;

“El correo anterior manifesté el estado que entonces tenía la facción capitaneada por Balmaseda, cuyos restos suponía habrían pasado al alto Aragón. No fue así, pues habiéndose internado más en la montaña, pasaron a Francia, habiendo dejado millares de dispersos y presentados en todo Navarra: ya hemos visto pasar centenares a sus casas. 

Difícil era creer que una campaña de solo ocho días, hubiera concluido con los facciosos que han aterrado a muchas provincias; pero estaba reservado a los navarros-vascongado dar esta prueba más al mundo entero de su carácter, valor y franqueza: abandonaron la causa de don Carlos, se abrazaron con los defensores de la Reina Isabel y no necesitan más que su palabra para singularizarse concluyendo con la facción. La paz queda asegurada: ha sido un tremendo desengaño para los secuaces del despotismo”.


2) Los testimonios escritos; memorias, exilio y redención

La historia, sin embargo, la escriben los vencedores. Aunque también, como en estos casos, los vencidos. Afortunadamente tenemos sobradas muestras de la opinión de la derrota desde las ópticas liberales como de las tradicionalistas, cosa que no pasa tanto con la prensa, más unánime en lo referido a la causa liberal.

Sobre la derrota carlista, en primer lugar, habla El Príncipe Lichnowsky, aristócrata extranjero que, como muchos otros, vinieron a luchar a España al servicio de la causa tradicionalista, en este caso entre 1837 y 1839. En sus memorias, al final, Lichnowsky afirma;

“El día 14, a las dos de la tarde, todas las alturas que rodean a Urdax estaban cubiertas de enemigos y el Rey, a caballo, seguido por todas las tropas, se trasladó a la frontera. Este descendió de las alturas y nuestros fusileros se retiraron haciendo fuego. Llegados al puente de Dancharinea, la guardia de Carlos V pisó el territorio francés.

Las tropas, colocadas entre dos filas de soldados franceses,  fueron encaminadas a Saint-Pée. No se ocultó a las autoridades francesas la expresión de sombría tristeza que se retrataba en nuestras caras. 

El Rey parecía resignado, había renunciado a toda esperanza y no sabía qué suerte le deparaba el porvenir. Uno de nosotros expresó el temor de que el gobierno francés le retuviera como prisionero y él rechazó esta idea diciendo que sería inaudito que faltase de este modo a la palabra empeñada. Bayona estaba llena de carlistas que no encontraban alojamiento; se formó  en la plaza un grupo numeroso de españoles que querían despedirse de su Soberano”.

Del otro lado de la trinchera, se manifiesta el teniente general Fernando Fernández de Córdova, Marqués de Mendigorría, militar que entonces empezaba su carrera al servicio de las armas liberales;

“La desunión profunda que se introdujo en las filas del enemigo embarazando el manejo y el empleo de sus tropas, los odios y rencores personales que surgieron entre sus jefes imposibilitando la acción eficaz y directa del designado para dirigirlas, el cansancio de todos, la convicción  a que llegaron de que les era imposible vencer y dominar un pueblo que aborrecía sus principios, aun cuando ellos mismos se considerasen invencibles en sus montañas, la torpe política de su Rey, entregándose a la dominación y al consejo del partido clerical que le había envuelto…estos fueron y no otras, las causas que hicieron rendir las armas en Vergara. No hubo allí himnos que entonar a la Diosa de la Victoria”.

Según los historiadores, lo que siguió a la derrota y la retirada de los dirigentes carlistas fue uno de los mayores exilios vistos hasta el momento de españoles huyendo de su país que en nada tenían que envidiar al tantas veces publicitado exilio liberal con Fernando VII o el posterior republicano en 1939.

Así lo manifiesta el historiador Antonio Manuel Moral Roncal;

“El 1 de octubre de 1840, el número de carlistas refugiados en Francia era algo superior a los 26.000, de los cuales 18.000 entraban en las categorías de suboficiales, soldados y artesanos. El Gobierno de Madrid concedió una serie de amnistías parciales  que, redujo progresivamente este contingente”.


En cuanto al trato ofrecido a los vencidos, los historiadores también son muy explícitos al respecto.

El historiador Mark Lawrence afirma;

“Algunos de los que buscaban refugio fueron soldados a partir de 1839 cuando un gran contingente del ejército carlista se negó a aceptar el Convenio de Vergara. La difícil situación de los refugiados en tiempo de guerra quedó eclipsada por las emigraciones masivas de 1839. 

Unas 27.000 personas cruzaron a Francia después de 1839, para encontrarse atrapadas entre la escila de un gobierno anfitrión cada vez más hostil y el Caribdis de un vengativo gobierno español de posguerra. 

El cónsul español en Bayona urgió a Madrid a ejercer toda la presión que pudiera sobre el gobierno francés para que internara a los carlistas. En 1839, al generalísimo Espartero le preocupaba que los exiliados armados que volvían pudiesen estropear su victoria”.

Otro estudioso de la emigración carlista fue Rafael Rodríguez-Moñino, que escribe;

“Sea como fuere y según dice González de la Cruz, todos los días se veían pasar la frontera multitud de realistas. Se lanzaban impávidos en medio de la desgracia y la miseria, abandonando el suelo do nacieron. Causaba compasión ver tan bizarros jóvenes, desnudos y denegridos por el hambre y la calamidad…los padres lloraban por sus hijos, los hijos por sus padres…días de dolor y de quebranto. 

¿Cuántos fueron estos hombres? A 10.000 elevan la cantidad algunos autores, pero según otros, el número subiría a 31700 hasta julio de 1840. En todo caso, la cifra oscila entre veinte y veinticinco mil. Cantidad suficiente para obligar moralmente a Cabrera a tratar con las autoridades francesas sobre la suerte de estos valientes soldados”.

Por último, el escritor tradicionalista por excelencia, Melchor Ferrer;

“Carlos V se preocupaba muchísimo de la situación de los emigrados, por lo que no es de extrañar que en octubre de 1839 procurara recoger dinero para el auxilio de los emigrados. Que hubo asistencia económica lo demuestra el hecho de que en diciembre se habían recibido 2000 duros del Rey. Los batallones internados en Francia marcharon siendo mal recibidos en general por el pueblo francés. 

Comienza ahora el periodo de la emigración carlista, en que éstos, reducidos a la miseria, sufrieron con abnegación y heroísmo ejemplar una de las pruebas más duras que puede soportar el hombre. Los desvelos de los legitimistas franceses atenuaron algo esta pobreza y este sacrificio tan resignadamente soportado”.

A pesar de la extrema dureza mostrada por las autoridades liberales vencedores y por el gobierno francés, no faltaron, sin embargo, ya a partir de 1840 en adelante voces y actitudes por todas partes proclives a ir suavizando el trato y relajando algo la mano para con los vencidos y derrotados carlistas.

Así, el martes 1 de diciembre de 1840, aparece en la Gaceta de Madrid un Decreto oficial firmado por El Duque de la Victoria, en que manifiesta;

“Terminada felizmente la guerra civil, es de suma importancia olvidar aquellos errores sobre los cuales se pueda echar un velo sin perjuicio del Estado. Algunos individuos y aun corporaciones han acudido al Gobierno solicitando que se sobresea en los procesos por delitos políticos,  se adopte otra disposición equivalente para restituir al seno de sus familias a muchos individuos, a quienes pudo extraviar una imaginación acalorada sin corromper su corazón. Natural y sencillamente se presenta la idea de una amnistía. La Reina Doña Isabel II, y en su nombre la Regencia provisional del Reino, decreta lo siguiente:

Artículo 1.° Se concede la más amplia y general amnistía a todas las personas procesadas, sentenciadas o sujetas a responsabilidad por delitos políticos cometidos desde 19 de Julio de 1837 hasta esta fecha, exceptuándose solo los que hayan tenido por objeto favorecer la causa del Pretendiente, y no estén comprendidos en el convenio de Vergara; acerca de los cuales se resuelve por decreto separado. 

Art. 2.° Se sobreseerá desde luego y sin costas en los procesos pendientes por delitos amnistiados; y las personas que por éstos se hallaren presas sufriendo alguna condena o en camino para sufrirla, serán puestas inmediatamente en plena libertad, sin nota alguna, dejándose también libres a disposición de sus dueños los bienes que estuvieren secuestrados o embargados por razón de tales delitos”.

Con el mismo talante se manifestaba en una pastoral el Vicario General gobernador eclesiástico del obispado de Gerona, Don Juan Manuel Calleja, según recoge la Gaceta de Madrid del 14 de agosto de 1840;

“El cruel azote de la intestina guerra con que nos ha afligido durante siete años, ha cesado por su divina misericordia y a los amargos días van a suceder otros más placidos que amaneció en los para siempre célebres campos de Vergara. 

A nosotros toca hacer sentir más vivamente esta necesidad. Trabajemos ahora en la grande obra de la reconciliación, trabajemos sin descanso en moralizar el pueblo, inculcándole las obligación en que se halla de acatar las leyes y de obedecer a los magistrados que mandan en su nombre, y la justicia entonces hermanada con la paz reinará en la tierra y nos procurarán luengos días de quietud y sosiego”.

Incluso, destacados ya pensadores de la España de la época como Jaime Balmes, en un escrito publicado en Barcelona en agosto de 1844;

“Lo hemos dicho varias veces y lo repetiremos aquí: en no haciendo entrar como elemento de gobierno a ese partido a quien se desdeña, es imposible, absolutamente imposible, establecer en España nada sólido y duradero. 

Y con este modo tan singular de fin a las discordias civiles pretenderán quizás haber hecho una obra maestra de política. ¿Así comprendéis el corazón del hombre? ¿Así habéis estudiado la historia? ¿Así habéis consultado la experiencia? ¿Así esperáis convertir y hacer creer a vuestros adversarios que pueden darse por contentos con un indulto y con una mirada de protectora benevolencia? 

Los verdaderos hombres de Estado mirarán ciertamente la cosa con ojos muy diferentes: ellos saben que cuando obran en el fondo de un gran partido principios que no perecen, cuando se combinan con poderosos intereses, no hay otro medio que transigir, que atraer a ese partido haciéndole concesiones que le pongan en igual rango que a los demás, que darle puntos de apoyo en que vea garantido el cumplimiento de las promesas; en una palabra, hacerle entrar de una manera real y efectiva como elemento de gobierno.

Si esto no se hace en España con el partido carlista, vanos son todos los esfuerzos para asegurar la tranquilidad pública y labrar la prosperidad de la nación: aun suponiendo que él no intente nada, que se mantenga del todo inofensivo, totalmente pacífico, le basta dejar a sus adversarios solos en la arena para que éstos se combatan incesantemente y se arrebaten alternativamente el poder, turbando de continuo el país y conduciéndole a un extremo de desquiciamiento y anarquía".

En definitiva, como hemos visto, a la doble derrota de las filas carlistas en el norte, en 1839 y el este en 1840, le siguieron duros años de exilio, miserias, descalificaciones e incomprensión del gobierno nacional, de gran parte del país y de sus vecinos del extranjero. 

Las difamaciones brotaban por la prensa, los discursos y la actitud de intolerancia que durante años tuvieron que sufrir miles de tradicionalistas que, en el exilio francés o en el exilio español interior, fueron víctimas de una ardorosa campaña de odio y desprestigio que en nada o poco tiene que envidiar a la sufrida por los liberales en diversas ocasiones entre 1814 y 1833 o, posteriormente, por los republicanos desde 1939. 

De hecho, llama la atención la similitud en tantas ocasiones del trato recibido por los exiliados carlistas en 1839-40 y republicanos desde 1939, con la sola diferencia de que la causa de unos y de otros resulta amable o amistosa al público o a la historiografía posterior que, en unos casos ha exaltado ese sacrificio y ese sufrimiento y, en otros, salvo honradas ocasiones, ha sido increíble e inexplicablemente silenciado.




Bibliografía;

-Sesión del Congreso de los Diputados. Domingo 1 de septiembre de 1839.

-El Correo Nacional, 7 de julio de 1840. Hemeroteca Digital B.N.E.

-“Recuerdos de la guerra carlista”. Príncipe Lichnowsky.

-“Mis memorias íntimas”. Fernando Fernández de Córdova, Marqués de Mendigorría.

-“Las guerras carlistas”. Antonio Manuel Moral Roncal.

-“Las guerras civiles españolas”. Mark Lawrence.

-“El exilio carlista en la España del XIX”. Rafael Rodríguez-Moñino.

-“Historia del tradicionalismo español”. Melchor Ferrer.

-Gaceta de Madrid.

-“La situación y las necesidades del país”. Jaime Balmes.

lunes, 14 de abril de 2025

Sistema de castas

 



"Finalmente, los recién llegados fueron a la iglesia principal. 

De un extremo a otro, separando la iglesia en dos partes, había un muro bajo; es entonces cuando, por primera vez, los dos sacerdotes comprobaron atónitos que el mismo cristianismo, en sus lugares más santos, estaba tan contaminado como la ciudad entera por el sistema de castas.  

Allí, en la iglesia, a la vista de todos, como un bofetón en plena cara, se elevaba un muro de división, y como para marcar aún más el horror y la vergüenza, se habían colocado en la línea de separación los confesionarios. 

Más tarde encontró otras iglesias en las que la sagrada comunión se distribuía en dos patenas distintas. 

Los cristianos de casta recibían el cuerpo de Cristo de manos del sacerdote, a los parias se les distribuía utilizando una pinza.

Para un indio, decía Gnanadicasamy, no existe nada más terrible que perder su casta. 

Esta es la razón por la que, incluso si se hace cristiano, quiere a toda costa conservar su casta y es en ese punto precisamente donde reside la dificultad con los misioneros. 

Vostros os comportáis como si todos los hombres fuésemos iguales y como si no existiera ninguna barrera entre las diferentes castas. 

Vuestros empleados son parias. Esto, os convierte en impuros". 



"Deja que te cuente. Vida de Mons. Marion de Brésillac". Paco Bautista. 

sábado, 12 de abril de 2025

Partidas y carlismo; visiones encontradas

 



"La combinación de bandolerismo y acción revolucionaria, conexión que surgió en la guerra de guerrillas contra las invasiones francesas,  y que fue continuada por los realistas en 1823 y por los carlistas desde 1835. 

Fueron los carlistas quienes hicieron surgir a los ladrones facciosos, combinación de bandidaje y pretendida lealtad a un partido oprimido. 

Es una innovación creada por los carlistas el que un bandido a secas se adjudique el nombre de guerrillero".

"La España revolucionaria". Carlos Marx.


 

"Siempre que el partido liberal se echa a la calle, el absolutista se sube a la montaña. 

Sus acérrimos partidarios se propusieron conquistar lo que por incapacidad no alcanzó su rey en la anterior guerra civil. 

A estas facciones, que dormían al raso, que comían frugalmente, que evadían la persecución dispersándose, se hubiera conseguido exterminarlas empleando el rigor y ocupando el país militarmente".

"Memorias y reflexiones de un general erudito". Romualdo Nogués y Milagro.



"Las partidas carlistas se confundieron frecuentemente con fenómenos de bandolerismo. 

En Cataluña, la posguerra se convirtió en la época de los trabucaires. La figura del latrofaccioso, fue su equivalente. 

Las partidas fueron engrosadas por hombres que no habían conseguido o querido reintegrarse en la vida ordinaria, que veían en el bandolerismo de apariencia política una forma cómoda de medrar. 

La formación de partidas, se convirtió en el modelo clásico e ideal de la movilización carlista. 

Las partidas, la guerra de guerrillas, y las insurrecciones en campo abierto resultaron las formas más típicas de la violencia carlista. 

Echarse al monte, fue un ejercicio repetido hasta la saciedad".

"El carlismo: dos siglos de contrarrevolución en España". Jordi Canal. 

"Banderas blancas, boinas rojas, una historia política del carlismo". Jordi Canal. 

miércoles, 9 de abril de 2025

La integración política de los carlistas

 



"Más diremos, el mal no está todo en la misma Constitución, ni se pondrá el remedio a nuestros males con un mero cambio de ley fundamental, sea éste el que fuere: una de las causas principales de nuestro malestar, de los peligros del trono, de la flaqueza de las instituciones, de la dificultad de fundar un gobierno, está en que, por efecto de la guerra dinástica, política y religiosa, y del desenlace que ella ha tenido, se halla fuera de juego una masa inmensa en que no sólo hay número, sino también grandes principios e intereses; y por lo mismo, todas las combinaciones que se hacen para establecer un sistema político sólido y duradero se limitan a un círculo muy reducido: todo se circunscribe a un bando político que, dividido en dos fracciones que se aborrecen de muerte y que han sellado su odio con sangre, no pueden servir de base para fundar un gobierno.

Lo hemos dicho varias veces y lo repetiremos aquí: en no haciendo entrar como elemento de gobierno a ese partido a quien se desdeña, es imposible, absolutamente imposible, establecer en España nada sólido y duradero. 

Los hombres superficiales o de mala fe andarán discutiendo sobre si es partido legal o no, sobre si ha abandonado sus antiguos principios o no; y le ofrecerán una especie de perdón de los pasados extravíos si se arrodilla a sus plantas, abjura sus errores y promete en adelante portarse como verdadero liberal. 

Y con este modo tan singular de fin a las discordias civiles pretenderán quizás haber hecho una obra maestra de política. ¿Así comprendéis el corazón del hombre? ¿Asi habéis estudiado la historia? ¿Así habéis consultado la experiencia? ¿Así esperáis convertir y hacer creer a vuestros adversarios que pueden darse por contentos con un indulto y con una mirada de protectora benevolencia? 

Los verdaderos hombres de Estado mirarán ciertamente la cosa con ojos muy diferentes: ellos saben que cuando obran en el fondo de un gran partido principios que no perecen, cuando se combinan con poderosos intereses, no hay otro medio que transigir, que atraer a ese partido haciéndole concesiones que le pongan en igual rango que a los demás, que darle puntos de apoyo en que vea garantido el cumplimiento de las promesas; en una palabra, hacerle entrar de una manera real y efectiva como elemento de gobierno.

Si esto no se hace en España con el partido carlista, vanos son todos los esfuerzos para asegurar la tranquilidad pública y labrar la prosperidad de la nación: aun suponiendo que él no intente nada, que se mantenga del todo inofensivo, totalmente pacífico, le basta dejar a sus adversarios solos en la arena para que éstos se combatan incesantemente y se arrebaten alternativamente el poder, turbando de continuo el país y conduciéndole a un extremo de desquiciamiento y anarquía".


"La situación y las necesidades del país". Jaime Balmes. 

martes, 8 de abril de 2025

El gobierno de las clases medias

 


"No se crea por esto, que hago yo el elogio de la soberanía absoluta. 

Si la creo muy adecuada a regir un estado en que la clase más numerosa y humilde domina, ya he dicho y repito en mi entender, para el bien general, conviene que esté depositado el poder en la clase media. 

De estas clases tomadas en general no pueden esperarse los pensamientos altos, los afectos nobles, que mezclados con vicios enormes tenía la nobleza antigua. 

Ni tampoco hay en las mismas clases los ímpetus generosos que, a la par con intentos feroces y otras faltas hijas de su ignorancia y abatida condición, tiene la plebe.

La monarquía de las clases medias, es calculadora, algo tímida, yéndose en todo con prudencia, hasta con cautela, prefiriendo a la guerra la paz, cuidadosa del acrecentamiento de la riqueza, observadora del estado de los fondos públicos.

Esto es lo que hoy lleva el nombre de intereses materiales, y de ellos, cuida especialmente el gobierno de las clases medias".

"Lecciones de Derecho Político". Antonio Alcalá-Galiano.




"En todas las ciudades hay tres elementos propios de  la ciudad: los muy ricos, los muy pobres y, en tercer lugar, los intermedios entre unos y otros. 

Así pues, puesto que se reconoce que lo moderado y lo intermedio es lo  mejor, es evidente que también la posesión moderada  de los bienes de la fortuna es la mejor de todas, pues es la que más fácil obedece a la razón

En cambio, lo superbello, lo superfuerte, lo supernoble, lo superrico,  o lo contrario a esto, lo muy pobre, lo muy débil y lo  muy despreciable, difícilmente sigue a la razón, pues aquéllos se vuelven soberbios y más bien grandes malvados, y éstos malhechores y sobre todo pequeños delincuentes, y de los delitos unos se cometen por soberbia y otros por maldad. 

Además las clases medias son las que menos rehuyen los cargos y menos los ambicionan, actitudes ambas perjudiciales para las ciudades.  

Por otra parte, los que tienen en exceso bienes de fortuna, fuerza, riqueza, amigos y otros semejantes ni quieren ni saben obedecer (y esto les ocurre ya en el seno de la familia, siendo niños; a causa del lujo ni siquiera en  la escuela tienen la costumbre de obedecer); en cambio los que tienen una necesidad excesiva de estas cosas son demasiado serviles. 

De modo que los unos no saben mandar, sino obedecer a una autoridad propia de esclavos, y los otros no saben obedecer a ninguna autoridad, sino ejercer el mando con una autoridad despótica. 

Por consiguiente, se forma una ciudad de esclavos y amos, y no de hombres libres, donde unos envidian y otros desprecian, lo cual dista muchísimo de la amistad y de la comunidad política,  pues la comunidad implica amistad  y los hombres no quieren compartir con los enemigos ni siquiera el camino.  

La ciudad debe estar construida lo más posible de elementos iguales y semejantes, y esto se da sobre todo en  la clase media, de modo que una ciudad así es necesariamente la mejor gobernada, formada de los elementos que decimos que es la composición natural de la ciudad. 

Y en las ciudades estos ciudadanos especialmente son los que perduran, pues ni ellos codician, como los pobres, los bienes ajenos, ni otros codician lo suyo, como los pobres los de los ricos, y como no son objeto de conspiración, ni conspiran, pasan su vida libre de peligros.  

Es evidente, por tanto, que la comunidad política mejor es la constituida por la clase media".

"Política". Aristóteles.

La constitución interna carlista

 


"Yo daré con esas Cortes a España una ley fundamental que, espero, ha de ser definitiva y española".

Pero el duque, sin perjuicio de tratar con las Cortes tan gran asunto, ha manifestado clarísimamente cuál es su voluntad y su pensamiento y qué es a sus ojos lo verdaderamente tradicional en España; unidad católica, rey que reine y gobierne, Cortes a la española, descentralización y vida propia del municipio y la provincia. 

Esto es para el Rey legítimo y para nosotros lo esencial, y lo tradicional; esto es el altar de la patria".

"Obras completas"  Antonio Aparisi y Guijarro.



"Cuando pienso en qué deberá hacerse para conseguir tan altos fines pone miedo en mi corazón. 

Yo sé que tengo el deseo ardiente de acometerla, y que no sería hacedero vencerlas sin el consejo de los varones más imparciales del Reino y, sobre todo, sin el concurso del mismo Reino congregado en Cortes, que verdaderamente representen todas sus fuerzas vivas y todos sus elementos conservadores.

Yo daré con esas Cortes a España una ley fundamental que, espero, ha de der definitiva y española". 

"Escritos Políticos". Carlos VII.



"España tiene una doble fortuna en medio de sus ingentes dolores actuales. Posee el plano del Estado Nuevo. Su Constitución interna postula sin duda alguna la Monarquía representativa como forma nacional de gobierno. La Ciencia la señala como la más perfecta de todas las políticas. 

Pero el Rey, en una Monarquía representativa, tiene el complemento de personalidad que ya se apuntó anteriormente: la institución de los Consejos. Porque no se ocultó a nuestro espíritu nacional que los reyes no podían ser omniscientes.

Las Cortes—designación con que en España ha sido siempre conocido ese elemento orgánico del bien común —deberán, pues, constituirse con los representantes de los Cuerpos y Clases de la Nación".

"El Estado Nuevo". Víctor Pradera.